Nicanor Moscoso: La bendición de este país es tener el voto electrónico”

Nicanor Moscoso está visitando a Venezuela desde el año 2004 para observar los procesos electorales. En esa ocasión lo llevaron a las 3 de la madrugada del 14 de agosto al salón del Consejo Nacional Electoral donde sus rectores verían la totalización del escrutinio de aquél referendo revocatorio cuando el entonces presidente Hugo Chávez fue ratificado. 

“Era la hora de la verdad”, dijo Moscoso para sus adentros teniendo a su lado en ese momento a los ex presidentes Jimmy Carter (Estados Unidos) y César Gaviria (Colombia), quienes entraron al salón del escrutinio final con el directorio del Poder Electoral presidido ese año por Francisco Carrasquero. “Recuerdo que cuando la máquina arrojó el 60-40 a favor de Chávez, Carter dijo: eso era lo que me decían las encuestas”, evocó Moscoso en una entrevista para Últimas Noticias. 

Moscoso, economista y político ecuatoriano, preside en este momento el Consejo de Expertos Electorales de Latinoamérica (Ceela), organización que se encuentra en Venezuela para observar las venideras megaelecciones. El Ceela fue fundado por Moscoso a raíz de las elecciones de 1998 en Ecuador donde fue proclamado Jamil Mahuad.  

Moscoso dijo que en esos comicios le arrebataron el triunfo a Álvaro Noboa, el candidato de su fórmula y así lo denunciaron ante la Organización de Estados Americanos que había mandado una misión de observadores al Ecuador. Los partidarios de Noboa tomaron las calles reclamando durante un mes lo que consideraban una victoria. “La OEA nunca dijo nada”, dijo. “Me marcó esa situación”, expresó.

Cuatro años después de ese episodio, Moscoso se consiguió con un funcionario de la OEA que asistía como veedor a unos comicios en México, una de las 130 elecciones que ha observado el Ceela durante 15 años. El funcionario reconoció a Moscoso y hablaron de esas elecciones donde ganó Mahuad. Le confesó que estuvo en esas elecciones como jefe de la misión técnica de la OEA. 

“Le pregunté por qué la OEA guardó silencio ante esas denuncias de fraude”, contó Moscoso. “Me respondió así: ‘¡hay Nicanor, no éramos amigos tuyos, ni amigos de Álvaro Noboa; por qué nos vamos a pelear con nuestros amigos, por alguien que no conocíamos. Ahora ya somos amigos, estamos a la orden!’”, relató el entrevistado. “Me gustó la respuesta porque fue sincero, pero dije para mí: ‘esto no puede ser así”, reflexionó Nicanor Moscoso.  

—Después de esa experiencia, ¿ha habido cambios en los procesos electorales latinoamericanos o siguen produciéndose situaciones similares?

—Después del fraude de 1998 en el Ecuador, que fue muy sonado y una vergüenza para los organismos electorales y una campanada para América Latina, la OEA jugó un gran papel de aportar a los poderes electorales de la región sistemas computarizados del conteo de las actas. Es decir, ya el escrutinio dejó de ser una simple tira de máquinas o una hoja de excel, sino que se introdujo un programa que daba garantías del ingreso de las actas. 

—¿Ese mecanismo logró evitar las trampas?

—Ya no podía haber una trampa en la sumatoria de las actas; pero queda pendiente, y eso sigue hasta ahora, lo que se hace en las mesas, porque allí están los seres humanos que pueden hacer trampa durante todo el día y al momento de elaborar el acta. Pero una vez que se elabora el acta hacia adelante, ya prácticamente todos los países tienen sistemas seguros, auditables y fácilmente comparables. Y ojo, todos los partidos políticos grandes también hacen su sumatoria de actas.  

—Aquí sectores de la oposición siempre exigen “elecciones justas y libres”. ¿Tiene razón tal pedimento?

—En el año 2004 yo tuve una experiencia de vida. A las 3 de la madrugada, del 14 de agosto, nos llevaron al centro de cómputo del CNE, al ex presidente Jimmy Carter, César Gaviria, secretario general de la OEA y mi persona que estaba a la cabeza de la observación de los organismos electorales de Latinoamérica. Los tres fuimos al momento de la verdad cuando los rectores entregaron sus claves y se abrió el programa que ya estaba recibiendo información y podía sacar los resultados. Yo estuve en ese momento histórico. El primer resultado que salió era 60-40, ganando Chávez. Y Carter inmediatamente dijo: ‘esa es la información que yo tengo´. Porque ellos (El Centro Carter) ya habían hecho sus encuestas. Gaviria dijo: yo no tengo todavía resultados, voy a esperar que me los den. Entonces, el problema de Venezuela no es un problema de sistema de votación. El problema de Venezuela es de los líderes políticos y la actuación de ellos. Eso no tiene nada que ver con el sistema de votación. 

—¿Entonces, es un problema político, no del montaje de las elecciones?

-Sí. Eso guarda relación con los preámbulos para las elecciones y eso es político. Eso no se lo puede arreglar nadie sino los propios líderes de un país. Ustedes aquí tienen una situación muy particular, que inician la votación electrónica, constitucionalmente obligatoria, a partir de Chávez. Él dijo: “vamos a hacer el voto electrónico porque tenemos que saber la verdad”. 

—¿Qué repercusión tuvo en América Latina esa idea del voto electrónico instaurada en Venezuela?

—Unos años después de eso, nosotros en el Ecuador y en muchos países de América Latina, se quiso instalar el voto electrónico. Cuando yo era presidente del Tribunal Electoral de Ecuador hicimos un voto electrónico, con una muestra de 5% de votantes. Salió perfecta esa votación. A los pocos días nos reunimos en el pleno y propuse que para las próximas elecciones debía hacerse el voto electrónico ya no con el 5% sino con 60% de las mesas. Se pararon unos rectores y me dicen: “Nicanor, no, el jefe de mi partido me dijo que voto electrónico no”. Nadie quería voto electrónico, porque nadie quería soltar el control de las mesas y el control de los votos. Por eso es que no hay voto electrónico. No porque la tecnología sea cara. Imagínese usted, con el poder de convocatoria y el control político que tiene en la sociedad el chavismo, si no hubiese el voto electrónico, manejarían a su antojo las mesas. La bendición de este país, dentro de todo esto, es tener el voto electrónico.

—¿Han progresado los sistemas electorales en América Latina, están estancados o han retrocedido?

—El progreso en los sistemas electorales en América Latina es innegable. Todos los países se esmeran en tener el mejor sistema posible. Cada país trata de cuidar la mesa y darle el apoyo a los partidos para que tengan un delegado de mesa. Y los partidos también se esmeran en tener sistemas computarizados de sumatoria de actas. Existe una suerte de transmisión de experiencias. Hay una constante mejora. 

—Para usted, ¿qué significan unas elecciones ‘justas y libres’?

—Los parámetros que supuestamente deberían existir para una elección justa y libre es que los líderes tengan un gran espíritu democrático. Segundo, ellos, los mismos líderes políticos que ponen candidatos, deben respetar las leyes, respetar las reglas. Por ejemplo, cuando un candidato no es presidente de la república y no cuenta con ningún poder, usted verá que reclama el uso de los dineros del Estado en las campañas electorales, que usen franjas publicitarias, que usen obras del Gobierno para hacer proselitismo político, critican al organismo electoral…cuando llegan al poder, lo que primero captan es al organismo electoral y luego hacen lo mismo: utilizan los fondos del Estado. Se toman todas las ventajas. Todos reclaman elecciones justas, y cuando los sientas y les preguntas dónde está la trampa, vamos a verla, se paran y no van. Es cuestión de espíritu democrático.

—¿Cómo se refleja ese análisis en el caso venezolano?

-En el caso de ustedes, se pasaron muchísimos años criticando el sistema electoral. Aunque yo creo que en los últimos cinco años ya no lo critican. Me refiero al sistema del conteo de votos. Yo lo separo: uno es el sistema de elecciones y otro el sistema de votación, es decir, el día de las elecciones, que obviamente es el resultado de un trabajo de mucho tiempo. Aquí hay cosas que hasta rayan en la exageración, en las auditorías. Porque como nacieron con desconfianza, el organismo electoral ha tenido que mostrar todo y hacer todas las auditorías para satisfacer a los candidatos. Eso obligó a que el sistema sea lo más excelente posible. 

—¿De cuáles tramos se puede prescindir en esas auditorías?

—Aquí llegan a la exageración, que al final del día, el 55% de las mesas, son recontados los papelitos y nunca se encuentra una diferencia con lo que dijo la máquina. Nunca se ha encontrado. Y nunca se va a encontrar porque esto es igual que una máquina registradora de supermercado que va facturando y cobrando todo el día, luego aplasta un botón y suma todas las facturas. Son dos cosas: uno, el sistema de votación y dos, el sistema político de elecciones que allí es donde vienen las trampas con el tema del reparto de escaños en el Congreso, por ejemplo. Cuando un partido está en el poder y tiene una mayoría en el Congreso, busca algún sistema de reparto de curules que les favorezca. En Ecuador usábamos el método D’Hont. Un candidato que te saca el 40% de los votos para repartir escaños en el Congreso, eso te daba un 55-60% de puestos. 

—Aquí en las últimas elecciones parlamentarias se aplicó un sistema para dar chance a que las minorías tengan representación en la Asamblea Nacional.

—Pero que resulta: muchas veces los partidos dicen “lo hago así porque yo tengo los votos para que ese sistema me favorezca”. Pero a veces no resulta porque los votos no son comprados, los votos los vas a tener en cada elección. Por ejemplo, en el año 2015 cuando la oposición ganó de sobrada la Asamblea Nacional, siempre criticaban el sistema de reparto de escaños. Y decían que el chavismo había hecho ese sistema para favorecerse y tener más diputados. Pero ese año los votos los tuvo la oposición y ese mismo sistema les sirvió. 

—¿El sistema venezolano es seguro y transparente?

—El sistema venezolano es seguro,  transparente y es una bendición para este país, más aún en las circunstancias que ha vivido los últimos 15 años. Es lo mejor que le pudo haber pasado a este país, tener este sistema y que se han esmerado los organismos electorales en mantenerlo y mejorarlo en cada elección. 

—Nos encaminamos a unas megaelecciones donde se pondrá a prueba nuevamente ese sistema de votación. ¿Cómo percibe ese proceso?

—Las sociedades están adaptadas, están capacitadas. Hay países donde se hace la elección de todo. En noviembre en Honduras van a elegir todos los cargos de elección popular. Dividir las elecciones en dos etapas es para no polarizar hacia un candidato. Por ejemplo, el hecho de que ustedes tengan las elecciones de gobernadores y alcaldes ayuda, fortalece el control electoral. 

—Las megaelecciones se convocan y en medio de su preparación, un sector opositor se sienta con el Gobierno a dialogar. ¿Cómo le parece esa circunstancia?

—Son los venezolanos los únicos que pueden resolver sus problemas. Que no se hayan puesto de acuerdo en todos estos años es culpa de los dos. Esto es como el aplauso, se necesitan de dos manos. Porque cuando fracasa un diálogo, no es que fracasa uno, fracasan los dos. No tuvo el uno la capacidad de convencer al otro. Algo pasó. Pero hoy estamos muy contentos porque vemos que ese diálogo (de México) se está abriendo. Primero, la conformación del CNE ya es una muestra de confianza. 

Al detal

l ”La política es una pasión. Yo muchas veces comparo la política con el fútbol. Si su equipo va a ganar el clásico con un gol hecho con la mano, usted lo grita y es gol; y si el árbitro lo dio gol, es gol. Entonces, las pasiones que pueden haber al final del día en las mesas electorales, esa no es controlable. De allí que el partido político que quiera defender sus votos, tiene que tener delegados en las mesas”.
l “El voto electrónico es similar a un cajero automático. Y el sistema tecnológico de sumatoria de la máquina es igual que una registradora de supermercado, que suma todas las ventas del día y al final aplastan un voto y allí está el resultado de las ventas de esa máquina. Pero ¿por qué no se instala?; porque no tienen el espíritu democrático de soltar de sus manos y de su control la votación”.
l “Una de las elecciones más polémicas, más duras a las que hemos acudido fueron las de Bolivia cuando le quitaron el triunfo a Evo Morales por culpa de la OEA y que luego se dio el golpe de Estado. Ese ha sido uno de los procesos más traumáticos. Y el otro fue la Constituyente de 2017 aquí porque venía a raíz de todas las protestas y la violencia callejera”.

 

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