InicioPolíticaPlomazón de El Porteñazo retumba 60 años después

Plomazón de El Porteñazo retumba 60 años después

La conspiración cívico-militar de mayor magnitud ocurrió en 1962

“El arrepentimiento hubiera sido no haber hecho nada ese día por el pueblo de Venezuela”, señaló sin titubear Víctor Hugo Morales, quien hoy, exactamente hace seis décadas, participó en el denominado Porteñazo, una rebelión cívico-militar contra el gobierno de Rómulo Betancourt.

Este hombre de 95 años en ese entonces era capitán de corbeta en la Marina. En una entrevista realizada el 23 de enero por Ernesto Villegas en su programa dominical, Morales explicó algunos detalles de ese alzamiento que aunque derrotado marcó huella en los procesos revolucionarios a futuro en nuestro país.

“En esa época fueron muchos los oficiales del ejército, armada e infantería de Puerto Cabello, Carúpano, Maracay y otras ciudades, descontentos con el gobierno de Betancourt, quien había traicionado los ideales democráticos del 23 de enero de 1958, dándole la espalda al pueblo”, argumentó Morales.

“Existía mucho movimiento de juventud alzada en las calles de Caracas, Mérida y otras ciudades que mostraban ese gran descontento. Además, la Revolución cubana fue un faro de inspiración”, recordó Morales.

Disparos llovían desde varios ángulos ese día.

Militares y militantes del PCV y el MIR venían combatiendo desde 1960. En 1962 prácticamente un mes antes (4 de mayo) se produjo el alzamiento del Carupanazo, (por la base naval situada en Carúpano, Sucre), derrotado en su momento.

Sin embargo, ese primer intento de golpe preparó el ambiente para que el segundo ocurriera pronto.

En el amanecer del día sábado 2 de junio de 1962, se produjo la sublevación en la base naval de Puerto Cabello, estado Carabobo, dirigida por el capitán de navío Manuel Ponte Rodríguez, el capitán de fragata Pedro Medina Silva y el capitán de corbeta Víctor Hugo Morales.

Se movilizaron y ocuparon varios sitios estratégicos de la ciudad como el parque de la Base, el Castillo Libertador (donde liberaron y armaron a decenas de guerrilleros y a parte de los suboficiales insubordinados de Carúpano), dominaron el Fortín Solano, se apoderaron del Cuartel de la Digepol y el de la policía municipal, sometiendo posteriormente la prefectura.

Centenares de detenidos se produjeron.

Pese al rápido despliegue, los rebeldes no contaron con el destacamento de la Guardia Nacional que se encontraba en el muelle de Puerto Cabello, que debía bloquear la carretera entre Valencia y Barquisimeto, para retardar la entrada de las fuerzas leales a Betancourt.

Pero no fue así. Además, no contaban con que la escuadra no permitió que ninguno de los buques fuese tomado, logrando fondear fuera de la rada y activar su artillería en apoyo del gobierno, que pronto mandaron sus fuerzas leales, suscitándose fuertes combates aéreos y por tierra durante ese día. Los más sangrientos fueron en el sector La Alcantarilla.

Finalmente, el domingo 3 de junio, el Ministerio de Relaciones Interiores anunció que desde el amanecer las Fuerzas Armadas leales al gobierno habían puesto fin a la rebelión, aunque solo fue tres días después que se rindió el último grupo de insurrectos en el Fortín Solano. Este alzamiento dejó un triste saldo de más de 400 muertos y 700 heridos.

Eso sí, a diferencia del Carupanazo, el Porteñazo representó una conspiración cívico-militar de más magnitud, tanto por las fuerzas involucradas como por la intensidad de la lucha.
“La población, caramba, era admirable como se comportó ese día”, finalizó su relato Víctor Hugo Morales.

Los combates fueron por todo Puerto Cabello.

Pulitzer 1963

Fueron varios los reporteros gráficos que, esquivando el plomo parejo de ambos bandos en disputa, se esforzaron por sacar las mejores fotos para mostrar lo cruento de esa asonada en Puerto Cabello.

Uno de ellos es Héctor Rondón Lovera, quien laboraba en La República. Junto a José Luis Blasco, por Élite, llegaron al sector La Alcantarilla, donde se registraron el mayor número de muertos y heridos.

Ahí es donde Rondón observó al sacerdote Luis María Padilla, capellán de la base naval de Puerto Cabello y párroco de Borburata, auxiliando a los heridos, en especial a un soldado que levantó, pero murió en sus brazos.

Rondón relató en varias ocasiones: “el cura frente a nosotros se puso a revisar los heridos. Uno en el medio de la calle levantó la cabeza. El cura trató de socorrerlo. Lo levantó. Trató de cargarlo. Yo tomé la foto con mi Leica”. Una gráfica que lo llevó a ganar los premios Word Press Photo (1962) y Pulitzer (1963).

Parte de los insurrectos hace seis décadas.

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