Alamán

Lucas Alamán nació en Guanajuato el 18 de octubre de 1792. Comprender su vida reclama una mirada caleidoscópica, por lo polifacético de su accionar: empresario, naturalista, historiador, escritor y político en el marco de nuestras lides fundacionales.

Descifrar el contexto ayuda a espantar las solas sombras que acompañan al personaje, para poder desvanecer el acostumbrado maniqueísmo simplón.

Su biografía lo ubica como procedente de una familia opulenta y como un hombre preparado en la ciencia de su hora. Asimismo, lo resalta como un ciudadano de ideas en la época virreinal.

Vivió con estupor, por razones personales, el vendaval revolucionario de 1810.

Un hito en la existencia de Alamán fue 1814, cuando salió de Veracruz camino a Cádiz, con la intención de acrecentar sus entendimientos en botánica y en mineralogía. En este momento de convulsiones tuvo como interlocutores a importantes figuras como Alejandro von Humboldt, Benjamín Constant, entre otros. Sería el instante también de entablar relaciones con su compatriota Servando Teresa de Mier. Su segundo viaje al Viejo Mundo lo haría en 1821, en otras circunstancias y por otras razones. Era partidario, y así lo había manifestado, de que España retomara su condición imperial: un príncipe europeo se debía poner al frente de México, Perú y la Nueva Granada. Corría el trienio liberal antiabsolutista.

Ahora era diputado de la provincia de Guanajuato en las Cortes contrarias a Fernando VII.
Luego de la emancipación de su terruño, Alamán retornó a su patria fungiendo como cofundador y miembro permanente del Partido Conservador Mexicano. Era enemigo del federalismo y de las elecciones populares.

Es destacable, pese a su espíritu reaccionario, su apego a la visión unionista nuestroamericana sintetizada en su propuesta de “Pacto de Familia”.

La idea de robustecer los lazos de las naciones emergentes de la región suscitando tratados de amistad y comercio, a la vez de achicar las distancias geográficas y políticas de las mismas, fue su preocupación fundamental. Su postura soberanista era contra la Doctrina Monroe que venía a llenar el espacio dejado por la apocada España. En este sentido se inscribe la tarea asignada a sus plenipotenciarios, en 1831, para reactivar, en Centro y Sudamérica, la asamblea integracionista del Libertador: “Para reconocer con el gran Bolívar, que la Independencia se ha comprado a costa de todos los bienes que la América española disfrutaba (…) Pues lo que ha pasado en Méjico, se ha repetido con muy ligeras y temporales excepciones en todo lo que fueron posesiones españolas, sintiéndose en Méjico los efectos del desorden de una manera más dolorosa, por tener un vecino poderoso que ha contribuido a causarlos y ha sabido aprovecharse de ellos.”

Ya había alarmado a sus paisanos del peligro de que México fuera despojado de la provincia de Texas y tanteó un plan de colonización para impedirlo. Alamán fue Secretario de Estado y del Despacho de Relaciones Exteriores e Interiores en los gobiernos del Supremo Poder Ejecutivo, Guadalupe Victoria y Anastasio Bustamante, respectivamente. Muchos más fueron sus aportes, como la creación del Banco de Avío, y la refundación del Archivo General y Público de la Nación. Su obra celebérrima Historia de Méjico es de obligatoria consulta. En Ciudad de México murió Lucas Alamán el 2 de junio de 1853.

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