Colosos

Guayaquil entrañaba una calamidad nada fácil. Tres posiciones sobre cuál debía ser su destino se debatían en el momento.

La primera posición era partidaria de la idea de sumar Guayaquil a Colombia, tomando en cuenta los sólidos vínculos históricos con Quito y Cuenca.

Una segunda posición sostenía que Guayaquil se debía adherir al Perú, esta opinión la defendía fundamentalmente una élite económica y política influyente.

Y una tercera y última posición abogaba por su status autónomo, es decir, que Guayaquil estuviera fuera de Colombia o del Perú. Esta opción era expresión de una oligarquía que terminaría desdiciendo, posteriormente, de la figura misma del Libertador Simón Bolívar.

La entrevista de Bolívar y San Martín de 1822, puesto en un marco mayor entonces, nos enfatiza la significación histórica de Guayaquil. De tal modo que al revisar las ventajas geográficas, económicas y militares de Guayaquil, notaremos porqué siempre esta ciudad fue ambicionada por distintos bandos independentistas, fueran de procedencia colombiana, peruana o autonomista.

También los realistas la anhelaban sobremanera, por las mismas razones, lo que explica que, para los años XX del siglo antepasado, el lar ecuatoriano corría el riesgo de volver a manos españolas.

Conocía de este peligro José Joaquín de Olmedo, quien solicitaba respaldo a Simón Bolívar para garantizar la Independencia de Guayaquil y continuar la lucha por la Real Audiencia de Quito.

Antonio José de Sucre, con un contingente de patriotas prestos a romper las cadenas del enemigo, era el escogido para la ingente misión. Pero, no todo era sencillo: la intención de anexarla a la República de Colombia estaba en los planes geoestratégicos del Libertador, pese a la negativa de Olmedo, vocero de una supuesta autonomía deseada por sus lugareños, como ya hemos especificado.

Mientras Bolívar avanzaba de norte a sur, José de San Martín lo hacía de manera contraria, de sur a norte.

El líder argentino había convocado un Congreso Constituyente.

El general José de San Martín rechazaba nombramiento de dictador por el Congreso Constituyente, aceptando solo el título honorífico de Fundador de la Libertad del Perú y Generalísimo de las Armas.

El protector había decretado “simbólicamente” la emancipación del Perú.

Es importante reiterar que los monárquicos no habían sido reducidos definitivamente en el Perú y ya comenzaba la reagrupación de fuerzas contraatacantes.

Así, una empresa tan delicada, como era el desalojo de los realistas de su bastión más importante, chocaba contra un muro de dificultades, -desde desavenencias personales hasta falta de sueldos para las tropas, entre muchas otras causas- que impedía un desenlace por la liberación del Perú en una hora tan perentoria.

En este ambiente tenso, los defensores de la monarquía todavía pulsaban con fuerza en el Perú y ya San Martín no contaba con el apoyo requerido para materializar esta titánica tarea.

Thomas Cochrane, pieza imprescindible para el líder argentino, abandonaba a Lima y dejaba al dirigente sureño desprovisto de escuadra, pertrechos, hombres y dinero. De tal manera que, el acercamiento de San Martín al Libertador era en gran medida producto del rechazo de las máximas autoridades porteñas, que habían dado la espalda a su protector y a sus hombres de armas.

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