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El espejo inclusivo

¿Cuál ha sido la historia que ha reinado en Venezuela? Una historiografía tradicional que, pese al trabajo tesonero de algunos historiadores, inoculó en muchos venezolanos un sentimiento de minusvalía difícil de erradicar; una reláfica que preparó el camino para la vergüenza étnica y la dependencia a intereses extraños.

La historia insurgente es una propuesta científico-política prohijada en el marco de la Revolución Bolivariana, que se alimenta de los mejores aportes y tendencias historiográficas que han hecho un ejercicio crítico a los instrumentos teórico-metodológicos al servicio de la dominación.

Es la noción de una historia nutrida de lo mejor del marxismo crítico y heterodoxo, los Annales, la nueva historia, la historia cultural, los estudios culturales, la propuesta decolonial, las experiencias latinoamericanas, etcétera. Es más que ilustrativa.

También el acervo historiográfico de pensadores e historiadores venezolanos que marcaron y marcan escuelas progresistas redunda la multiplicidad de sus afluentes.

De allí que su metodología sea ecléctica y el uso de fuentes variadas, dando un giro copernicano a la temática y acentuando objetos de estudio siempre reveladores.

La “rebelión” que alude el término insurgente hace gala de rechazo contra toda autoridad que confina a la ciencia de Clío al pasado, bajo una supuesta neutralidad axiológica que no rompe ni un plato.

Desde este mirador creemos que todo discurso histórico entraña un compromiso que no escapa de las condiciones propias de un sujeto que investiga y reconstruye procesos dialécticos desde un lugar de enunciación, desde un horizonte de sentido concreto.

Pensar que la gramática de la historia es absoluta, nada restringida y que viene dada por un historiador aséptico, es caer bajo la trampa del realismo ingenuo o, en el peor de los casos, en el ardid de lo más rancio de la tradición positivista.

Para nada es una palabra anodina y vetusta la del historiador, cual relojero de tiempos distintos pone el pulso a su actualidad en conflicto.
Visto así, para la historia insurgente el objeto de estudio de la historia es el presente.

Pero algo más se deriva de una plausible caracterización de una corriente que irrumpe: es el hacedor de la historia.

Esa afirmación tiene dos direcciones: bien sea el tema, cuya clave es el “preguntar”, es problematizar sobre los explotados y olvidados, entiéndase en la jerga gramsciana, de los sectores subalternos, para nosotros motores multifactoriales y privilegiados del acontecer; o en otro sentido, desde una óptica de quien levanta el relato, quien escribe o transmite el proceso histórico, que bien podría ser los colectivos organizados bajo la orientación honesta del especialista.

En todo caso, enfatizamos una historia sobre el pueblo, escrita en gran medida por él mismo.

Permítame la imagen del “espejo inclusivo”: vernos para dignificarnos y “alzarnos” como hacedores de nuestro propio destino.

Abreviando, la historia insurgente plantea la emancipación político-historiográfica de actores, géneros, grupos, sectores, regiones y localidades hegemonizadas por un paradigma opresivo y negador de la igualdad y la inclusión.

La historia insurgente busca combatir las creencias, estereotipos, prejuicios y la violencia simbólica opresoras y de esta manera contribuir al fortalecimiento de una conciencia histórico-cultural popular, liberada y descolonizada del pueblo venezolano.

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