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Mis noches sin ti

“Sufro al pensar que el destino logró separarnos/ Guardo tan bellos recuerdos que no olvidaré/ Sueños que juntos forjaron tu alma y la mía/ y en las horas de dicha infinita que añoro en mi canto y no han de volver…” dejaba con su timbre galano Genaro Salinas para la inmortalidad.

Esta canción, del paraguayo Demetrio Ortíz y de la argentina María Teresa Márquez, Mis noches sin ti, sería consagratoria para “el tenor de la voz de oro”. Hoy pocos saben de su destello en un tiempo que hace rato se nos fue.

Porque si algo debemos recordar de este cantante nacido en Tampico, el 19 de septiembre de 1918, además de su maestría interpretativa fue su fin trágico, a los 38 años de edad, en la Caracas perejimenista.

Una muerte calificada de extraña y que a la distancia pone el acento en los intrígueles del poder en el marco de las botas militares que ensombrecieron los cielos de nuestras patrias, en el contexto de la Internacional de las Espadas, siempre amparadas por el imperialismo gringo.

A pesar de ser hijo de casa humilde, la pasión y el talento musical de Genaro fue su sino. A los 20 años comenzaba su estrella ganando seguidores por las ondas hertzianas de la XES y por las de la afamada XEW.

Dos años después sus primeras melodías llevarían el sello de la RCA Víctor. También rubricaría con la importante empresa fonográfica Peerless.

Lo demás fue la gloria: monopolizó parte del gusto de la gente en la época de oro del bolero, eso sin dejar de ser presa de rivalidades y de tramas. Plazas obligadas de Salinas fueron Venezuela, Cuba y Argentina, además de su México natal.

Dícese que su drama personal comenzó en Buenos Aires, cuando se vinculó pasionalmente con la actriz Zoe Ducós, hecho que hace presumir el motivo de su residencia en Caracas años más tarde: iba tras la diva sureña.

La fecha de su deceso fue el domingo 28 de abril de 1957, entretejiéndose toda una leyenda que al sol de hoy, casi siete décadas después, no parece resolverse.

Su muerte se debate entre un posible accidente, un suicidio o un asesinato, cobrando más fuerza la última hipótesis.

Un leonino contrato con Radio Caracas Televisión lo obligó a peregrinar un tiempo por la capital venezolana. Ante su penuria económica, Graciela Naranjo le dio posada en su casa.

Se dice que un Salinas aminorado se presentaba en lugares pocos atractivos y que bebía continuamente.

Se afirma, igualmente, que erró al aproximarse nuevamente a Zoe Ducós, ahora esposa de Miguel Silvio Sanz, uno de los jefes principales de la terrible policía política, la Seguridad Nacional.

Lo cierto es que su cuerpo fue a chocar, desde arriba de un puente, contra el asfalto de la avenida Victoria, muy cerca la urbanización Los Chaguaramos.

Genaro Salinas expiraría en el hospital de Coche a causa de politraumatismos generalizados. Alfredo Sadel se encargaría del sepelio de un cadáver con los ojos abiertos.

Se cuenta que Daniel Santos en el velorio de Genaro Salinas se aproximó a su urna, sacó un puñal de cruz, que guardaba en el cinto, y lo colocó en la frente del artista mexicano, quien, para estupefacción de los presentes, cerró los ojos. “Mi corazón en tinieblas te busca con ansias/ Paso las noches pidiendo que vuelvas a mí/ porque sin ti ya ni el sol ilumina mis días y al llegar la aurora me encuentra llorando/ mis noches sin ti, /mis noches sin ti”.

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