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Nada mexicano me es ajeno

A modo de confesión dijo : “no puedo hacer un resumen de mi vida, porque está conformada por varias épocas y circunstancias, libros, amistades y pleitos, y eso, sólo admite resúmenes parciales.”

Su polifónica mirada y su irreverente forma de ser marcaron pautas en la dinámica cultural del país norteño, desde mediados del siglo XX hasta la primera década del XXI.

En Ciudad de México nació el 4 de mayo de 1938. La precocidad fue su signo; ya su firma adolescentil garabateaba distintos escritos en la nación de las letras.

El periódico y la revista fue su hábitat natural, de aquí que sería prolijo enumerar todos los espacios en los que participó. Por ahora recordemos -sin demeritar otros órganos divulgativos- sus aportes en el diario La Jornada y en la revista Proceso; también destaquemos su trabajo como director del suplemento La Cultura en México de la revista ¡Siempre!

Lo extenso de su trayectoria, caracterizada por una producción voluminosa, explica por qué todavía quedan artículos suyos sin compilar.

Carlos Monsiváis, a quien nos referimos, se erigió en divulgador de un imaginario misceláneo, irónico, cáustico, satírico.

Encontramos en su pluma el afán de desnudar los plexos culturales de un México en mudanza, un gentilicio que encontró en sus íconos del cine y de la música -Pedro Infante, Agustín Lara, María Félix, El Santo y Cantinflas, por ejemplo- un sello de personalidad propia, disimulada, trágica y festiva a la vez. Era su cronista por excelencia.

Su otra pasión -además de la crónica, el ensayo y los esfuerzos editoriales- fue la gran pantalla, como queda testimoniado en la cinematografía de su patria linda y querida.

Como lúcido vocero de causas “perdidas”, los movimientos contraculturales encontraron en Monsiváis un defensor de postín. Fue en este sentido un intelectual comprensivo, inclusivo, anticonservador, que estaba consciente de su multiméxico.

Entre sus libros altamente recomendables encontramos Días de guardar (1971), Amor perdido (1977), Nuevo catecismo para indios remisos (1982), Escenas de pudor y liviandad (1988), Diez segundos del cine nacional (1995), Los rituales del caos (1995), Del rancho al internet (1999), Aires de familia. Cultura y sociedad en América Latina (2000), y Pedro Infante. Las leyes del querer (2008).

Monsiváis fue acreedor de incontables doctorados honoris causa. Una lluvia de reconocimientos tuvo en vida, entre los que destacan el Premio Nacional de Periodismo, en dos ocasiones, 1977 y 2009, y el Premio de Literatura Latinoamericana Juan Rulfo, en 2006.

Cerrando la década del setenta, Monsiváis tuvo una polémica, por razones fundamentalmente políticas, con el laureado Octavio Paz.

Monsiváis, desde el visor de la izquierda, calificó al autor de El laberinto de la soledad de dogmático, autoritario, pretenciosamente omnisciente y representante de la “alta cultura”.

Paz, por su parte, aseveró que Monsiváis “no era un hombre de ideas sino de ocurrencias”. Monsiváis ripostó que “Paz no era un hombre de ideas sino de recetas”. Al final se le dio una vuelta a la página a este incidente que dejaba en el ambiente la sensación de un debate entre una manera elistesca y otra más popular de ver la cultura.

Carlos Monsiváis finiquitaba su espacio vital el 19 de junio de 2010, producto de una fibrosis pulmonar, dejando un vacío muy difícil de llenar.

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