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Pensar con cabeza propia

Al auscultar su biografía encontramos que provenía de un hogar lleno de necesidades. El humilde comercio de dulces, acompañado del servicio de planchar ropa ajena, aplacó las penurias de su casa. De ello nunca se avergonzó. Se costeó con sacrificio su propia formación, superando el dilema de “estudias o trabajas”.

Eso, sin obviar que si no trabajaba no comía. Su espíritu de superación fue proverbial, sin olvidar, como suele ocurrir con algunos intelectuales de estos lares, su origen modesto y su lucha a favor de los explotados.

Su solo nombre es cita con el pensamiento universal. Es ponderado como uno de nuestros pilares de calibrarnos con categorías propias.

Se contó entre los alumnos dilectos del transterrado José Gaos, saltando, por la recomendación del sabio español, de los estudios jurídicos a los análisis filosóficos.

En 1943 Leopoldo Zea, de quien hablamos, obtuvo el grado de maestro, y al año siguiente se doctoró en Filosofía, ya como becario-investigador del prestigioso Colegio de México. Asimismo, fue docente de la Escuela Nacional de Maestros, entre de 1943 a 1944.

Zea alcanzó notoriedad debido a su tesis de grado doctoral, titulada El positivismo en México (1945), trabajo donde examina esta mundividencia refractada en su lar nativo, cerrando el siglo XIX y comenzando el XX.

Zea hizo vida en la Universidad Nacional Autónoma de México, e impulsó en esta casa de altos estudios el Seminario sobre Historia de las Ideas en América, fundando, posteriormente, el Colegio de Estudios Latinoamericanos. Un verdadero aporte por una corriente crítica cada día más pertinente.

Muchos premios, distintas condecoraciones y varios doctorados honoris causa obtuvo Zea a lo largo de su productiva existencia.

Igualmente, su bibliografía fue amplísima, traducida a varios idiomas. Destacan entre sus libros En torno a una filosofía americana (1947), Ensayos sobre filosofía de la historia (1947), Conciencia y posibilidad del mexicano (1952), La filosofía como compromiso (1952), América como conciencia (1953), América en la historia (1957), La cultura y el hombre en nuestros días (1959), Latinoamérica y el mundo (1960), Ensayos sobre México y Latinoamérica (1960), El pensamiento latinoamericano (1965), Latinoamérica.

Emancipación y neocolonialismo (1971), Dependencia y liberación en la cultura latinoamericana (1975), Dialéctica de la conciencia latinoamericana (1976), Filosofía de la historia de América (1976), Simón Bolívar (1980), Latinoamérica en la encrucijada de la historia (1981), Filosofía de lo americano (1983) y Discurso sobre la marginación y la barbarie (1988).

En su mirar filosófico Zea comulgó con la premisa de que las ideas hegemónicas son inseparables de los fenómenos históricos, como productos de realidades sociales concretas.
De tal manera que su gran legado fue sumar en la consolidación de una filosofía a tono con la circunstancia americana, con un pensamiento situado y emancipador. Toda una apuesta nuestroamericana y antieurocéntrica.

Leopoldo Zea murió en Ciudad de México el 8 de junio de 2004. Había nacido en esta misma capital el 30 de junio de 1912.

Hoy recordamos –a dos décadas de su ausencia física– al intelectual comprometido, bolivariano, siempre dispuesto a enfrentar el torvo intervencionismo estadounidense.

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