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“Susurros mortales”: terror en Netflix con sello tailandés

Un espíritu maligno poseerá a un joven mientras su familia intenta salvarla

“Susurros mortales” llega a Netflix para acaparar la atención de los fanáticos del género de terror. Concebida como un proyecto sencillo pero efectivo, la historia se desarrolla en un lugar recóndito de Tailandia donde una familia se enfrenta a una posesión demoníaca.

Es una película interesante desde el punto de vista del planteamiento pues, además, aborda otras situaciones y problemas vinculados a fe, la salud, la unión familiar y la confianza. El problema es que lo hace por encima y hasta se olvida.

En la trama, un espíritu vaga por la tierra buscando un cuerpo qué poseer. Antes de que esto ocurra, el prólogo ofrece una primera escena que es capaz de atraer la atención inmediata del espectador. Una joven muere luego de que un huésped maldito consume su cuerpo desde adentro y la hace explotar.

Unos cuantos años pasarán para que una nueva chica, de la misma aldea remota, sea presa de un evento inexplicable. Su voz, su cuerpo, su ánimo y su bienestar irán cambiando mientras el espíritu maligno va absorbiendo su esencia. Todo ante los ojos incrédulos de su familia que no es supersticiosa ni religiosa y cree que se trata de un resfriado.

Un padre excesivamente sobreprotector, machista e ignorante carecerá de herramientas para entender y procesar lo que ocurre. En su lugar, será el hermano mayor quien lidere la batalla contra el mal. Lo hará sabiendo que tiene el tiempo contado y que debe exorcizar a su hermana antes de que el mal la consuma por completo.

A fuego lento

De calidad media, la historia se sostiene en la dinámica del terror “in crescendo” pero sus actores a ratos parecen parcos y perdidos en sus personajes y acciones. Esto se suma a la estética simplona, al desarrollo golpeado y la profundidad del argumento, restando terror y mareando al espectador con giros innecesarios.

En dos horas “Susurros mortales” avanza sí, pero dejando cabos sueltos que jamás tendrán explicación. Pese a ello, sus últimos 30 minutos son capaces de ofrecer un panorama más interesante. Como cuando en un plano se muestra a un montón de cuerpos colgados de los árboles en una vía inhóspita, o cuando el espíritu por fin sale del cuerpo de la joven para volverse materia.

Algo que por un momento hace que uno olvide pelones como los “Susurros mortales” que apenas aparecen en algunos momentos de la trama. Como si a ratos al director se le hubiese olvidado incluirlos por el simple hecho de dar nombre al filme.

No es la mejor película de terror, hay que decirlo, pero tiene con qué distraer por un rato.

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