La vacuna, el oro y Guaidó

El Gobierno de Donald Trump acaba de firmar un acuerdo con la empresa farmacéutica Pfizer, el cual estipula el pago de 1.950 millones de dólares por 100 millones de dosis de un fármaco contra Covid19.


El acceso a la vacuna contra el Covid-19 será gratuito para todos los ciudadanos de EE.UU., afirma el Gobierno de ese país.
El solo hecho de que Trump haya cerrado el contrato es un aval de presunta seriedad de que la dosis podría ser efectiva, a pesar de estar pendiente su aprobación por parte del Departamento de Salud de esa nación; y de que Trump, en su desespero electoral, es capaz de cerrar acuerdos con cualquier curandero que prometa la muerte del virus y la vida eterna tras hacer gárgaras de cloro con jabón en polvo.


Vamos al asunto. El monto pagado por Pfizer arroja un valor de 19.5 dólares por dosis; al ser así, en caso de que hubiera pactado con la República Bolivariana de Venezuela sumaría 585 millones de dólares, acorde a un estimado demográfico de 30 millones de habitantes.
El asunto es que Venezuela tiene en el Banco de Inglaterra 31 toneladas de oro, que los expertos financieros y en comodities estiman equivalente a 1.000 millones de dólares.


El serio percance es que un tribunal inglés de esa civilizada y democrática Isla se toma la prerrogativa de decidir quién es el presidente de nuestra nación y, en consecuencia, acaba de dictaminar que el oro no puede ser entregado a la Organizacion Panamericana de la Salud, institución internacional escogida por Venezuela para que administre y disponga de esos mil millones de dólares en la compra de fármacos y servicios, contratar médicos y paramédicos, requeridos por nuestro país para brindar atención gratuita a los contagiados por la Pandemia.


Es decir, si no existiese el bloqueo y el Tribunal de esa Isla fuera digno, Venezuela podría cerrar un contrato con Pfizer para la compra de 30 millones de dosis por 585 millones dólares. Hoy los venezolanos y venezolanas estaríamos más esperanzados y aliviados frente a la Pandemia.


Pero no. El Tribunal de la Isla de monarquías, lores y reinas, que invadió y nos robó el Esequibo, afirma que ese dinero es del autoproclamado Juan Guaidó, a quien muy probable ni le pase por la testa usar una pepita de ese oro para adquirir aunque sea una dosis, a título y excusa de ser suministrada a cualquiera de los 97 492 coterráneos de La Guaira que han sido los únicos en votar por él, solo para que ocupe el único y determinado cargo de diputado ante la AN.


Hasta aquí estas especulaciones y juego de probabilidades. Lo real es que Pfizer es estadounidense y que Trump le impedirá cualquier trato con Venezuela, y por ende los 30 millones de habitantes de este hermoso país no dispondremos, al menos por ahora, esa vacuna. La otra irrefutable verdad es que a partir de esta imposibilidad de compra, la onomatopeya de la palabra Guaidó sonará en los estertores de cada uno de nuestros compatriotas contagiados, y retumbará con grosera estridencia en los velorios de cada uno de los fallecidos.

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