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Blacky, el perrito que sobrevivió a los sucesos de la Cota 905

Detonaciones ensordesedoras, balas perdidas, gritos afuera, hombres armados que suben y bajan, cohartando la libertad de sus convecinos. Por tres días reinó el miedo. Esa sensación de incertidumbre propias de las guerras. Fue un julio muy acontecido para el pueblo caraqueño, en especial para los habitantes de la Cota 905.

Cuando hablamos de los habitantes, queda implícito que también nos referimos a los animales que hacen vida en esa comunidad. Muchos sin hogar, perritos y gatitos comunitarios que viven de la generosidad de algunos y sufren la indiferencia y malos tratos de otros. Ellos, los que a veces no notamos, pero están, también padecieron la oscuridad y violencia de esos días. Ese fue el caso de Blacky, un sobreviviente de esos sucesos, un afortunado perrito.

Blacky nació en la Cota 905, en el sector Las Brisas, en la llamada entrada al Moscú. Allí vivía con su mamá y sus tres hermanos. “Todos son perritos comunitarios que los vecinos nos encargamos de alimentar y cuidar”, apunta Elizabeth Giménez, animalista y residente de dicho sector.

Recuerda Elizabeth que los días de los sucesos, los perritos estaban nerviosos por todo lo que acontecía; la balacera, el ruido de la gente bajando y subiendo, los gritos. “Todo eso fue sentido por ellos, pero en especial por Blacky, quien ladraba desenfrenadamente al punto de que fue apuntado con una pistola por uno de ellos para hacerlo callar. Ante la amenaza de muerte, vecinos salieron para salvar la vida del perrito, mediando con los malhechores y resguardando al animal en una de las casas”, relata la animalista.

De la violencia al trauma

Tras los hechos de violencia Blacky bajó su ánimo considerablemente

Ese hecho violento contra el cachorro derivó en un trauma ” El perrito temblaba apenas lo tocaban y bajó su ánimo considerablemente, se le veía triste todo el tiempo”, describe Elizabeth, quien no dudó en solicitar ayuda para sacar a Blacky del lugar.

La mano amiga llegó de parte de la fundación Coco Sin Frontera, quienes expusieron el caso por las redes sociales. Sin embargo pasaron semanas y no hubo respuesta. No obstante, siguieron perseverando en las publicaciones y fue entonces que Ingrid Pérez, del grupo Rescatistas 24-7, se conmovió con la historia y ofreció un lugar y la mejor disposición para rescatar a Blacky.

“Yo me enteré del caso hace como dos semanas, en la página de Patricia de Coco Sin Frontera y les escribí que si me lo traían lo asumía, pues me partió el alma ver su carita de tristeza”, recuerda Ingrid, que con su labor y entrega ha rescatado más de 300 animales en situación de riesgo.

En la unión no hay miedo, hay fuerza.

Ingrid, Angelson y Elizabeth unidos para concretar el rescate de Blacky

Blacky tenía ya el lugar donde rehabilitarse y la persona que se haría cargo de él. Ahora faltaba la última parte: Rescatarlo en el famoso barrio caraqueño. Para ello, Ingrid y Elizabeth contaron con el apoyo de Angelson Pérez, joven rescatista, estudiante y amante incondicional de los peludos, quien como integrante de la Fundación Coco sin Frontera, estaba a tono con el caso y puso su tiempo a disposición para el rescate.

“Con un poco de nervios nos fuimos, fue una total travesía. Caminamos hasta La Hoyada, luego tomamos una camioneta hasta El Cementerio, luego otra camioneta hasta el barrio donde estaba el perrito. De allí caminamos un cerro y luego al rescatarlo bajamos hasta El Paraíso, de ahí tomamos otra camioneta hasta Capitolio y finalmente un taxi hasta el refugio, recuerda Ingrid, con gracia, la travesía que hicieron para salvar al perrito.

“Fue un Domingo lleno de muchos momentos interesantes. Porque le dimos solución a parte de la problemática que se estaba presentando y lo mejor es que se hizo en equipo, de forma solidaria.. Uniendo fuerzas y con mucho respeto y compañerismo”, agrega Angelson.

“Si se trabaja de esta manera se podrán lograr cosas muy grandes en pro de los animales. Se hizo con mucha determinación y responsabilidad”, asegura el joven.

Blacky actualmente

Actualmente Blacky está en tratamiento porque le salió activó erlichia (enfermedad producida por la picadura de las garrapatas), anemia y también tiene problemas de piel. Hoy vive en el refugio de Ingrid, una casita alquilada donde le permitieron tener 12 animalitos, y qué suerte, Blacky justamente es el número doce.

Blacky hoy se está rehabilitando para formar parte de una buena familia

Respecto a Blacky continúa algo nervioso, “cuando ve el cepillo o coleto se esconde, tampoco le gusta quedarse solo , y a algunos perros les tiene miedo. Conmigo se relaja totalmente. Luego de que esté rehabilitado totalmente, estará listo para ser parte de un buen hogar”, asegura la rescatista.

Aparte de Blacky, en la comunidad quedaron sus hermanitos y su mamá, quienes también esperan por un refugio temporal o una familia permanente para que como su hermano, tengan la oportunidad de una mejor vida, y por qué no, el calor de una buena familia que les haga olvidar que alguna vez conocieron los sinsabores de las balas, el maltrato y la violencia.