InicioTu mascotaHistorias de MascotasLa gatita Blanca escapó sin castrar

La gatita Blanca escapó sin castrar

Los gatitos de la calle son ferales, pero es importante castrarlos para evitar su reproducción masiva

En mi sector, hay una colonia felina que siempre he tratado de ayudar. Poco a poco he logrado esterilizar a algunos gatos. El problema es que éstos animalitos son ferales, por lo que no se dejan tocar.

Yo los alimento todas las noches, y somos un pequeño grupo de vecinos los que realmente nos preocupamos por ellos. Al final, hacemos un esfuerzo por alimentarlos, cuidarlos, esterilizarlos y mantenerlos sanos.

En este episodio que quiero compartir, luego de una jornada nocturna con el apoyo de unas amigas que me prestaron una jaula trampa, pudimos atrapar a una gatita que no se deja tocar, pero estaba próxima a entrar en celo.

No queremos más gatitos en la urbanización, y lo mejor es esterilizarlos. Así que al atraparla, la llevamos al día siguiente a una jornada.

Ella estaba en la cesta rosada
Ella estaba en la cesta rosada

Ella era la gata número 2. Me llamaron: “por favor, la gata nº 2”, y me acerqué. Coloqué el kennel sobre la mesa, y la responsable de anotar y registrar a los asistentes me preguntó por la gata. En medio de mi respuesta, contándole que la gata no se deja tocar, que es muy astuta y que se ha escapado varias veces, la encargada abrió el kennel y la dejó escapar. Casi lloré.

En medio de la adrenalina para ubicarla y poder atraparla, no aguanté más y rompí en llanto. La gatita, a la que alimento cada noche pero que no toco, me conoce y se acerca. Además, confía un poco más en mí que en otros humanos. Ella se escapó.

La respuesta de la responsable fue: “ella baja ahora”, y yo en shock, porque aunque bajara, no podría agarrarla. Aquel día, tenía otros gatos por esterilizar de la misma colonia. Resignada en ese momento, entendí que no la encontraría. Pero no me di por vencida.

Jueves en la noche

En la noche, mi tristeza era inmensa. No era su espacio, no eran sus compañeros de colonia felina, ella estaba perdida y lejos de casa. En medio de la culpa, no me di por vencida. Fui a buscarla, pese a la lluvia, pero no la encontré.

Viernes

Unas compañeras hicieron un cartel que corrió como pólvora en redes sociales, pero sin resultados, y yo fui a buscarla al lugar de la jornada. Le llevé comida y soné las llaves como siempre, pero ella no apareció. Ese día llovió nuevamente.

Sábado

Una amiga midió la distancia desde el lugar de donde ella es, hasta donde fue la actividad de esterilización, y era un poco más de 1 kilómetro. Así que nos arriesgamos y me sugirió agarrar tierra del parque y colocarla cerca, como marcando el camino a casa, para que algún olor sea familiar.

Todo esto, bajo la premisa de que los gatos, al perderse, pueden regresar, si colocas su bandeja de arena, donde hacen sus necesidades, afuera, para que puedan olfatearla. En internet figura que olfatean hasta 1 km. No perdimos la esperanza.

No salió ese día. Recorrí el espacio, soné las llaves, llevé comida y nada.

Domingo

No me di por vencida. Volví al lugar, la llamé, soné las llaves, recorrí el espacio y ocurrió algo maravilloso. Apareció. Le llevé alimento, el cual devoró, estaba hambrienta.

Ahora el problema era atraparla. Ella no se deja tocar y menos meter en un kennel, que no llevé.

Como estaba con uno de mis hijos, hicimos equipo y ella, definitivamente, es una gata muy inteligente. Ella quería regresar y parece que entendió todo.

Como salido de una película de ficción, agitaba las llaves para que ella me siguiera, y ella me siguió. Empezó a caminar a mi lado, como si fuera un perro. A pesar de todos los elementos distractorios: perros, otros gatos, niños gritando, carros, motos, poco a poco, me seguía.

Un tramo difícil, pero nada imposible para quien está determinado a ayudar a un animal que con su nobleza demuestra el agradecimiento y la confianza. Cruzamos la autopista, sí, juntos, de manera increíble e insospechada. Ella entendió que debía cruzar a mi lado y lo hizo.

Luego seguimos caminando. Hay una manada de perros comunitarios, de manera aún más milagrosa, no estaban cerca, no nos vieron y no nos afectó. Ella seguía caminando a mi lado, a veces se adelantaba o atrasaba, pero mantuvo el paso.

En un punto del regreso, se desorientó, y ahí entré en pánico, porque se metió debajo de un carro a una cuadra de nuestro destino. La llamé, la invité y tuve que confiar. Pero ella confió mucho más en mí y no se alejó.

Después de casi 1 hora y media, un trayecto que podría recorrer en 10 minutos a pie, lo hicimos en medio de la adrenalina y la esperanza de poder tener de vuelta a una gata comunitaria, a la que alimento desde que nació.

Lo logramos, llegamos a nuestro destino, y verla llegar y reconocer su espacio, correr a descansar donde siempre y compartir nuestra travesía con quienes me apoyaron en todo el proceso, desde que la atrapamos hasta que la pude recuperar, fue definitivamente un milagro.

Es que sí, los milagros ocurren todos los días, pero hay que creer que es posible y hacer que las cosas pasen.

Ahora me toca ver cómo la volvemos a atrapar, para esterilizarla y evitar que se multiplique la colonia felina. Nunca te des por vencido, si se te pierde tu perro o gato, búscalo, no te rindas, porque ella, que no se deja tocar, regresó junto a mí… imagina si pudiera abrazarla.

Por favor, no te rindas. Esteriliza, respeta y ama la vida de los animalitos.

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