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Trompo llamó mi atención

Corría como cada mañana, pero ese día se me hizo tarde. Mientras realizaba mis estiramientos, me percaté de que iba una señora bastante mayor empujando un carrito de mercado, y detrás de ella, un montón de gatos.

Era como el flautista de Hamelín, pero con gatos. Además, la señora les decía nombres, los regañaba porque no la dejaban caminar y ella tropezaba con ellos. A algunos les pisaba la pata o la cola, ya otros los hacia tropezar sin querer con el carrito de mercado.

Me llamó mucho la atención cómo los llamaban por sus “nombres”, les ponía una hoja de revista como plato y sacaba del carrito una comida de un envase de plástico.

Los gatos, fascinados, esperaban y desesperaban con tanto maullido. Realmente me distraje pero había un gato en particular, que era extraño. Tenía una forma peculiar de caminar y saltar, daba vueltas sobre sí mismo, como un gato haciendo piruetas.

Ese día presencié un espectáculo de real liderazgo en esa señora, y me encantó. Fue como contemplar una maravilla en medio de esa mañana en la que iba tarde.

Al día siguiente, decidí retrasarme intencionalmente para verla de nuevo. Tenía ganas de grabarla. Los gatos maullaban y el gato bailarín saltaba y daba vueltas, parecía un trompo. De hecho, fue él quien más captó mi atención. De manera inconsciente, le puse el nombre: Trompo.

Así, empecé a retrasarme cada día para coincidir con la señora, quien aún no me conocía. Una mañana, la saludé y le hice preguntas, pero ella no mostró mucho interés en conversar conmigo, hasta que mencioné a Trompo.

Trompo todo un galán
Trompo todo un galán

Inmediatamente me miró y me dijo: “Llévatelo, por favor”. Me contó que Trompo era muy inquieto y difícil de controlar. La gente lo golpeó porque saltaba sobre las personas y daba vueltas, lo que incomodaba a muchas personas y les causaba molestias.

Ya sentí una especie de cariño platónico por ese gato que daba vueltas como un trompo. Aunque no había interactuado mucho con él, me atreví a tocarlo. Trompo resultó ser extremadamente inquieto y travieso.

No lo llevé a casa ese día. Al principio, no quería tener un gato, pero… ya me tenía cautivado.

Un día llevé algo de comida para los gatitos a la señora, y ella me volvió a preguntar si me llevaría a Trompo. Le dije que no estaba seguro de cómo cuidarlo o llevármelo. Ella tenía todo planeado. Me habló de un bolso, un kennel, la comida, los horarios y me dijo que estaba castrado, entre otras cosas.

El desenlace es que mi Trompo es verdaderamente hiperactivo, especialmente a la hora de comer, pero es un amor , súper cariñoso y se ha convertido en el dueño de mi corazón y de mi sueldo.

Tiene su propia cama, pero prefiere dormir en la mía, en el sofá, en la mesa e incluso en la nevera, pero jamás en su propia cama… como buen gato.

Bebe de mi agua aunque cree que no me doy cuenta, y cuando tiene sus momentos de locura, es muy divertido. Corre por todas partes, pero como nunca he sido de adornos, no tira nada. Es mi hijo y yo, una solterona empedernida, la “loca de los gatos”.

Ahora colaboro con la señora y le ayudo con el alimento necesario para los gatitos y apoyando algunas esterilizaciones y tratamientos. Es mi forma de devolver el amor que Trompo me brinda.

Mi querido loquito, que da vueltas y maúlla para que le dé comida. Es mi mimado, y si visitas mi hogar, debes estar preparado para encontrar pelos por todas partes y dispuesto a no incomodarte o impresionarte para que él se suba donde quiera, porque esta es su casa, con ventanas cerradas.

Trompo se quedó en mi casa y conquistó mi mundo y mi corazón. Como dicen por ahí, sin él, mis bolsillos estarían llenos, pero mi vida estaría vacía.

Rescatar a un gatito de la calle, aprender a conocerlos, observarlos y disfrutar de lo maravillosos y fascinantes que son los gatos. Aunque muchos dicen que no saben hacer trucos, Trompo parece un gato de circo. Responde a su nombre y obedece. Lo amo.

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