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Misiles contra la identidad caribeña

La palabra Caribe es tan nuestra como los 2,7 millones de kilómetros cuadrados que abarca ese mar que va desde la península de Yucatán a las Antillas menores. En ese sustantivo encontramos las explicaciones a nuestros modos de ser y vivir. Nos suena a familia, a paz, tanto que su valor estratégico es el terreno ideal para la disputa simbólica iniciada con la escalada militar de Estados Unidos en agosto. Venezuela es nuevamente la “razón” para una maniobra que, amén de los incrédulos habituales, nos pone en un escenario distinto.

Para una América Latina diferente, Washington aplica coerciones de otra forma. A falta del llamado Grupo de Lima, hoy la confrontación más directa viene desde Guyana, Puerto Rico y Trinidad y Tobago. Con ese último país veníamos desarrollando un proyecto conjunto de gas, ahora paralizado por las acciones de Washington y el cambio impulsado por la primera ministra Kamla Persad-Bissessar, quien ha expresado abiertamente su afinidad con EEUU.

En contraste, la hostilidad que venía desde Colombia y Brasil en la era Trump 1 es por ahora un elemento ausente. Gustavo Petro enfrenta la virulencia de EEUU por su posición sobre Venezuela y otros cuestionamientos más tímidos, razones suficientes para recibir el castigo de la descertificación en la lucha contra la producción de drogas. El Brasil de Lula 2, mucho más distante de Nicolás Maduro, le ve los colmillos a EEUU con la guerra arancelaria.

Un trabajo de The New York Times cuestionó la legalidad del supuesto ataque a una lancha en aguas del Caribe informado el 2 de septiembre. Según fuentes, la embarcación con los 11 tripulantes dio media vuelta al ver el despliegue militar, por lo que es falso que representara una amenaza y, por tanto, se derrumba el argumento que justificaba la acción bélica.

La agencia EFE, por ejemplo, recoge testimonios de pescadores trinitarios que denuncian haber sido amedrentados por funcionarios estadounidenses.

El país sigue su ritmo habitual a la par del debate sobre el riesgo real de un conflicto bélico. Lo llamativo es ver cómo este nuevo escenario supone ya no un ataque a la venezolanidad, sino contra nuestra identidad caribeña. Aun si se disipara la amenaza militar, habrán logrado su objetivo si no vemos y revertimos la agresión simbólica que nos infligen. Veamos más allá.

1 COMENTARIO

  1. Recordando un poco una acusación , muy sincera creo yo, del expresidente Donald Trump 1, en su período del 2016 al 2020(después de haber intentado dar el 1mer » Golpe» de estado en la historia de EE.UU) cuando increpando la gestión del expresidente Joe Biden , le reclamaba que fue inepto en tomar ( robar a la fuerza ) las riquezas petrolero–gasiferas, que estaban a su mano( el propio emperador inescrupuloso y criminal de estos tiempos).
    Entonces recordando esos antecedentes, no nos queda mucha dudas de sus intenciones fascistas ,recorda do también como fue que en su administración supo al gobierno posterior de EE.UU a robarnos CITGO, con unos argumentos increíblemente infantiles y .ridículos de ordenar a un pobre muchacho faltó de todo entendimiento y talla nacionalista a «Proclamarse Presidente», de Venezuela, en una Plaza pública para que luego El Presidente de EE.UU, lo reconociera y hasta asaltara la embajada de Venezuela en ese pais y se la entregará a ese presidente auto proclamado .en una plaza; luego le diera unos centavos de Dólar a ese Guaido y ya vemos cómo cometieron esa fechoría y CITGO, ahora no es de Venezuela sino de EE.UU.
    Ese es el país de » Las democracias, los derechos humanos, las libertades y toda clases de «narrativas» para despojar, vejar, asaltar, invadir, y matar a pueblos que no poseen el poder par defenderse de esos imperios arrogantes y prepotentes
    Para terminar hago está reflexión: ¿Será que los monos se trepan en los jabillos espinosos?.

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