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La República está herida de muerte. Ni la política ni las armas bastan para defenderla. La retirada estratégica no sirve de nada. La disensión entre dirigentes anula la resistencia. Cada quien considera su propia posición como bien primordial a defender. José Félix Ribas se proclama jefe de Occidente, comarca precaria que en realidad no domina. Simón Bolívar y Santiago Mariño desembarcan después de obligar al corsario Bianchi a devolver dos tercios del tesoro que ha robado a la República. Ribas manda un escuadrón de fusileros a detenerlos. El 7 de septiembre de 1814, el Libertador escribe: “No es justo destruir a los hombres que no quieren ser libres, ni es libertad la que se goza bajo el imperio de las armas contra la opinión de seres fanáticos cuya depravación de espíritu les hace amar las cadenas como los vínculos sociales”. Los oficiales encargados de custodiarlos los dejan en libertad. En compañía de cuarenta oficiales leales zarpan hacia Cartagena en las goletas “Arrogante Maturinés” y “La Culebra”.
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Cartagena es ciudad puerto con casi inexpugnables fortalezas que dominan el acceso desde el Caribe y la entrada a la Nueva Granada por el Magdalena. A partir de allí, arriba Bolívar a Mompox el 13 de octubre, donde el alcalde Pantaleón Germán Ribón lo apoya con fondos y tropas. De inmediato marcha a Cúcuta, a reunirse con el contingente de un millar de combatientes que ha logrado salvar Urdaneta. “Libertadores o muertos” es la consigna con la cual los saluda. En Pamplona, los combatientes lo aclaman cargándolo en hombros; les agradece en proclama de alcance continental: “¡Para nosotros la patria es la América; nuestros enemigos, los españoles; nuestra enseña, la independencia y libertad!”
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En Tunja justifica sus actos ante el Congreso. El Presidente le responde: “General: Vuestra Patria no ha muerto mientras exista vuestra espada; con ella volveréis a rescatarla del dominio de sus opresores. El Congreso Granadino os dará su protección porque está satisfecho de vuestro proceder. Habéis sido un militar desgraciado, pero sois un grande hombre”. Las autoridades lo nombran general en jefe y le encomiendan reintegrar Cundinamarca y Bogotá a la Nueva Granada liberada.
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Para esta tarea cuenta el Libertador con medios insuficientes. En proclama de 17 de diciembre a los ciudadanos de Cundinamarca, expresa: “Las necesidades del ejército son notorias: está desnudo y hace cerca de un año que no recibe sueldo. En la urgente necesidad de seguir sus marchas contra nuestro común enemigo, sus escaseces le exponen a perecer antes por la intemperie y por el hambre; he nombrado una comisión de 12 ciudadanos respetables, que recojan vuestros donativos; otros medios más seguros en otras partes son indignos de un pueblo libre y generoso…” Las campañas libertadoras vencieron siempre con inferioridad de armamentos frente al Imperio.
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A pesar de estas carencias, el 11 de diciembre de 1814 Bolívar libera Bogotá y se instala triunfalmente en ella. A raíz de la victoria, el gobierno de las Provincias Unidas de la Nueva Granada nombra al Libertador capitán general de los Ejércitos de la República, y a su colega Rafael Urdaneta, general de División. A pesar de ello, los enemigos del prócer le instauran un juicio militar, en el cual es absuelto. El 13 de enero de 1815, el Congreso Federal Neogranadino llega desde Tunja y se instala en la Bogotá liberada.
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Bolívar había conducido dos ofensivas fulminantes que desbarataron el poderío imperial: la Campaña Admirable de 1813 y la que liberó Santa Fe de Bogotá en 1814. Ya medita una tercera, que le ocupará una década. El prócer está absolutamente claro. El 24 de diciembre de 1814 escribe a Custodio García Rovira, presidente de la Unión: “Crea usted amigo, que si deseo que se me autorice de un modo amplio en lo relativo a la guerra, es porque estoy determinado a tomar a Santa Marta, Maracaibo, Coro y volver por Cúcuta, a libertar el Sur hasta Lima, si es posible (…)”. Para Bolívar, siempre, la Patria es la América.
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Como sucedió en Venezuela durante la Primera República, la Nueva Granada está sumida en complejas rencillas. No se trata solo de la enemistad de realistas contra patriotas. Estos últimos, a su vez, se dividen en federalistas, partidarios de una extrema e insostenible autonomía de las provincias, y centralistas, adeptos de la unificación del mando.
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El 24 de enero de 1815 parte Bolívar de Bogotá para liberar Santa Marta, con un millar de los venezolanos traídos por Urdaneta y otro millar de neogranadinos. La logística y los pertrechos son todavía más escasos que los de la liberación de Bogotá. Disponen de menos de mil fusiles. Para tomar la provincia realista de Santa Marta es indispensable la colaboración de Cartagena. Esta es puerto fortificado clave que, como vimos domina el acceso marítimo a la Nueva Granada y defiende el ingreso a ella por el río Magdalena. En 1741, el marino Blas de Lezo, bajo el mando del virrey Sebastián de Eslava, desbarató una flota invasora inglesa de 130 navíos de guerra, 2.000 cañones y 23.000 infantes al mando de Lord Edward Vernon. Lezo bloqueó los accesos marítimos hundiendo algunos de sus propios barcos, excavó zanjas para estorbar la infantería y resistió el asedio hasta que las enfermedades y el hambre precipitaron la retirada de los invasores, con pérdidas de 4.500 efectivos, 6 naves hundidas y 17 gravemente dañadas.
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La autoridad republicana de la época en Cartagena, el brigadier Castillo, considera su bastión como enclave autónomo más que como parte de las Provincias Unidas de la Nueva Granada y reacciona con hostilidad y celos a los intentos de Bolívar de extender la liberación hacia Santa Marta. Castillo se niega a reconocerle la jefatura y exige a las autoridades de la región que no obedezcan las órdenes de Bolívar.
Por una paradoja inconcebible, el obstáculo que paraliza la resistencia contra el Imperio son las propias fuerzas armadas de la República.





Excelente comentario de Félix Alarcon
El que tenga oídos que lea
Nuestra PATRIA ES AMERICA NUESTROS ENEMIGOS LOS YANKEES MAGA FACHOS SUPREMACISTAS.
Cualquier parecido con la actualidad no es casualidad. Falta despejar muchas incógnitas que el propio enemigo ha creado. Mayoritariamente los venezolanos hemos respaldado a la dirigencia política actual, el enemigo lo sabe, por eso se esfuerza en sembrar desconfianza para dividirnos y así poder someternos más fácilmente. Además cuentan con opositores tradicionales que siempre están a la orden del imperio invasor. Sólo la unión de los patriotas garantiza la victoria por una patria libre y soberana!!!