La premisa de The Last Faith era interesante. Un juego que mezcla enfoques artísticos y jugables similares a las obras de FromSoftware como Bloodborne y Dark Souls, junto a apartados reconocibles del género provenientes de títulos como Castlevania: Symphony of the Night y Blasphemous. Todo este conjunto dentro de la clásica fórmula indie con un increíble pixel art oscuro y una llamativa banda sonora que a más de uno nos cautivó.
Sin embargo, toda esta belleza se queda en las primeras horas de juego, pues lastimosamente entre más tiempo le dedicamos a su mundo y vamos descubriendo las cosas que plantea The Last Faith, más nos iremos dando cuenta de que estamos ante un título que carece de fundamento e identidad en muchos de sus apartados.
Las influencias e inspiración de The Last Faith con respecto a los títulos anteriores mencionados, son su principal conflicto. Pues aunque en ocasiones funcionan y permiten que sea un juego competente, en la mayoría de veces no tienen un propósito o utilidad real en la propuesta de este título.

The Last Faith tiene mucha inspiración, pero poca fidelidad jugable
En varios momentos del juego sientes que The Last Faith implementa ideas o apartados de otros juegos como Bloodborne, solo porque quisieron replicarlos y no pensando en cómo estos podrían beneficiar a su propia experiencia. Dejándonos con situaciones que rompen con el diseño del juego. El mejor ejemplo de esto radica en uno de sus principales componentes trasladados de Bloodborne, la pistola:
La posibilidad de disparar un arma de fuego en The Last Faith es un apartado atractivo, tal y como lo fue en Bloodborne. Lastimosamente en este juego, el recurso es completamente inútil debido a un error de diseño, y es que muchos de los enemigos a los que nos enfrentamos en este juego no son compatibles con esta mecánica.
A lo largo de la experiencia nos iremos topando con enemigos de diferentes estaturas e incluso algunos que vuelan. En estos momentos es cuando nuestra arma de fuego queda en evidencia, ya que la pistola solo disparará en línea recta, haciendo que quede como un recurso que sobra o que ni siquiera pienses en utilizar en la mayoría de combates.
Por otro lado, tenemos cosas inexplicables, como que no exista la posibilidad de realizar ningún tipo de ataque cuando estemos agachados, haciendo que descartemos por completo hacer uso de este movimiento. Luego tenemos una mecánica de parry ineficiente, que además de no funcionar de manera óptima, nos pide pulsar dos botones a la vez, resultando en otro recurso más que descartar.

Y por último tenemos ideas geniales, como el poder lanzar cajas o sillas del entorno a los enemigos. Pero que de nuevo, tristemente terminaremos desechando pues la propia animación es tan lenta y el movimiento causa tan poco daño, que es preferible emplear un ataque normal.
Lamentablemente en varias ocasiones el juego cuenta con estos detalles que rompen con la experiencia, sobre todo en su combate, el cual es uno de sus apartados más atractivos. Te hacen sentir que las herramientas que te ofrece el título no están pensadas para los escenarios o enemigos a los que nos enfrentaremos. Casi pareciendo que su sistema de combate está hecho para otro tipo de juego y no para el Metroidvania-Soulslike que pretende ser.
Un plataformeo y movilidad demasiado plano
Si indagamos en los conceptos como Metroidvania, The Last Faith es uno bastante promedio. Contaremos con un plataformeo básico y que no propone nada que no se haya visto antes. Eso sumado a una movilidad sosa, con animaciones mejorables y que tristemente va empeorando entre más juguemos.
Las mejoras de jugabilidad que iremos encontrando no arreglan ni potencian considerablemente este apartado, pues nos terminamos topando con mecánicas y recursos que ya hemos visto en el pasado de este género desde hace más de 20 años. Estamos hablando de la posibilidad de mover cajas, saltar en las paredes o agarrarnos de ganchos.
Por otro lado, tenemos decisiones de diseño que, a día de hoy, se sienten anticuadas y que castigan al jugador de una forma muy injusta. Siendo The Last Faith, un juego que incentiva la exploración dado a sus zonas secretas, resulta ilógico que cosas como tirarte por un acantilado para ver qué hay más allá, se vea penalizado con una muerte instantánea.
Falto de identidad y personalidad
Además de emplear apartados evidentes como los frascos de estus, perder tus divisas equivalentes a las almas de Dark Souls cuando mueres o las estadísticas al momento de subir de nivel, The Last Faith lleva la inspiración hacia otros juegos a niveles excesivos, llegando al punto de incluso replicar ideas que en dichos títulos no eran tan buenas o que de plano envejecieron regular.
Hacer que los objetos curativos no se repongan después de morir o tras ir a una “hoguera”, es simplemente un fastidio. El juego te obliga a farmear estos objetos si no quieres quedarte sin curas, entorpeciendo el ritmo de tu objetivo y de toda la aventura en general.
Pero el farmeo no se queda ahí, pues llegados a cierto punto, The Last Faith te pondrá en la situación de toparte con un jefe que no puedas derrotar. El problema no es que el jefe sea complicado o que cuente con mecánicas difíciles de dominar, sino que su barra de vida es tan grande y el daño que causas es tan pequeño, que la oportunidad que tienes para derrotarlo en mínima, haciendo que la dificultad se sienta artificial.

Por ende, el juego te pone en la tediosa situación en la que debemos farmear almas, no solo para mejorar nuestro nivel y así tener mejores estadísticas, sino también para mejorar cada arma que tengamos. Pues tanto para subir de nivel como para mejorar nuestras armas, tendremos que hacer uso de las mismas divisas.
Problemas al intentar ejecutar las mismas intenciones que su inspiración
Si bien, en experiencias como Bloodborne o Dark Souls, esta práctica es bastante común e incluso existen estrategias y maneras de farmear rápidamente, no es el caso de The Last Faith, donde farmear se vuelve más una tarea irritante que otra cosa. Y el motivo de esto principalmente está en el desbalanceo de sus enemigos.
Además de lo anteriormente mencionado con las armas de fuego, sucede que hay enemigos o jefes demasiado fáciles y otros que son ridículamente injustos. Estamos hablando de algunos que cuentan con ataques que aplican un debufo a nuestro personaje que nos asegura una muerte inminente o incluso proyectiles que trackean al jugador. Mientras que, por otro lado, tenemos enemigos que no son más que una esponja de golpes, donde solo bastará con spamear nuestro ataque básico y los derrotaremos en un abrir y cerrar de ojos.
Tomando en cuenta la nula existencia de la verticalidad en su combate, sumado a una movilidad que deja mucho que desear y más encima que el juego te ofrece una serie de habilidades especiales para cada arma, The Last Faith nos termina brindando un combate con potencial, pero que no termina de estar a la altura.

Y como cereza sobre el pastel también tenemos una historia críptica muy a lo FromSoftware, pero que no termina de convencer.
The Last Faith intenta llevar ese misticismo en su narrativa con diálogos indescifrables y mucho misterio en sus personajes. Un recurso que es válido y respetable, pero que tristemente termina fracasando al tratarse de un juego indie, pues a diferencia de la masiva comunidad que se ha forjado a través de los Souls, en este pequeño juego es muy difícil que nos encontremos con videos de una hora que nos expliquen su inentendible lore. Dando como resultado una historia pretenciosa que unos pocos entenderán.
Conclusión
The Last Faith es un buen juego que desafortunadamente cuenta con muchos detalles problemáticos que perjudican en gran medida la experiencia en su totalidad. Tiene momentos en los que brilla y que te hacen creer que estamos ante un Metroidvania único, pero su incontable cantidad de errores y esa obsesión por imitar a los juegos en los que se inspira, dan como resultado un título prescindible que difícilmente te aportará algo diferente dentro de este género.




