Tener un morrocoy como mascota en un apartamento no es precisamente lo mejor; además, estos animales no son mascotas, son fauna silvestre y necesitan condiciones específicas en el hábitat que consideren… durante el cautiverio.
Alimentarlo con sobras de comida o un día sí y otro no… hay de todo tipo de mitos, pero escuchar a la médica veterinaria, Grecia Marquis, especialista en fauna silvestre, explicando a los tutores o tenedores de estos animales todo lo que se hace o no se debe hacer, es de gran ayuda.
Todo empieza con algo que puede parecer inofensivo: hoy lechuga, mañana repollo o tomate, un pedazo de fruta y realmente está bien alimentado, está bien, ¿su salud está comprometida? Algo tan simple puede terminar deformando los huesos, el caparazón y hasta la forma de caminar de un morrocoy.
Grecia Marquis, presidenta además de la Fundación Plumas y Colas en Libertad, se ha tomado la tarea de empeñarse en educar, orientar y divulgar aspectos importantes para el cuido y/o rescate relativos a nuestra fauna silvestre. Muestra en sus contenidos en redes sociales, casos que llegan a su consulta, en los que ha mostrado las consecuencias de mantener a estos animales en condiciones que no les corresponden.
Uno de los casos que ha compartido muestra que, después de años viviendo en un apartamento, sobre un piso liso, sin sol suficiente y con una dieta reducida prácticamente a lechuga y tomate, su cuerpo ha sufrido las consecuencias.
Lo bueno es que, así como la veterinaria comparte el caso, aporta soluciones y, tal como lo expresa en sus videos de forma reiterada, aunque no son fauna doméstica, ya viven en muchos hogares; entonces, adecuar el espacio para mejorar la vida de este animal en cautiverio es lo mínimo que deben hacer las personas que se e peñan en tenerlos en sus hogares, para mejorar su calidad de vida.
Patas deformadas, un cuerpo pesado; no lograba sostener su propio peso y el caparazón también mostraba alteraciones, más común de lo que muchos creerían. El resultado: enfermedad metabólica ósea, como resultado de deficiencias nutricionales y de un ambiente que nunca fue adecuado para este hermoso animal.
No basta con darle comida
¿Darle de comer es suficiente?
De los errores más comunes, pensar que un morrocoy puede alimentarse igual que cualquier mascota doméstica…no, ¡claro que no! Su dieta necesita variedad, mucha variedad. En la naturaleza, estos reptiles pasan buena parte del día buscando alimento bajo el sol o la sombra, simplemente buscan alimentarse con hojas, flores, pequeños insectos, ellos buscan alimentarse.
Hojas verdes, rúgula, diente de león, flores… todo eso puede formar parte de una alimentación adecuada, frutas también, pero no son la base de la dieta, por eso la consecuencia es la desnutrición. En el caso que explicó Marquis, frutas como lechosa, cambur y manzana pueden formar parte del menú, pero debería ser mucho más amplio.
¿Y por qué importa tanto la variedad? Porque una dieta con pocos alimentos genera deficiencias nutricionales. El calcio, el fósforo, las vitaminas A y D… todos cumplen un papel clave en el desarrollo y mantenimiento de los huesos. Solo imagina vivir toda la vida comiendo exactamente lo mismo.
Cuando estos nutrientes faltan, las consecuencias se traducen en problemas que aparecerán más temprano que tarde..
El sol también es alimento para sus huesos
La comida sola no resuelve nada. Los morrocoyes son animales de cuerpo frío, pero requieren del calor, de condiciones ambientales que les permitan aprovechar lo que comen. La exposición a la luz del sol provee beneficios para su salud, principalmente la salud de sus huesos.
Temperaturas adecuadas.
Los reptiles no regulan su calor corporal; dependen completamente del ambiente para funcionar con normalidad, en un apartamento, rodeado de paredes y en un piso pulido, es complicado. Dejarlo caminar por el piso y ponerle un plato de comida, no es calidad de vida. Hay mucho más.
Intentar recrear las condiciones que su especie necesita para vivir, grama, tierra, dieta variada, acceso a luz solar, a lombrices, proteína para fortalecer sus músculos y caminar con soltura.
Entonces, ¿un animal silvestre debería necesitar que alguien convierta un apartamento en un pequeño ecosistema solo para poder sobrevivir? La realidad es que no deberían vivir en un apartamento.
El piso también puede enfermarlo
Otro de los casos atendidos por la especialista revela algo que pocos conocen. El piso liso de un apartamento termina por atrofiar las patas de este anfibio y necesita fortalecerlas con ayuda de la dieta, la exposición a la luz solar, caminar en grama, monte, no solo tierra, necesitan un poco de todo para fortalecerse. Es un animal pesado, con extremidades débiles y es común que termine perdiendo la capacidad de sostener su propio cuerpo.
Por eso, durante su rehabilitación, la paciente necesitaba recuperar fuerza muscular y movilidad. La sugerencia es elevar al animalito y poner un carrito con buenas ruedas, para que pueda su caparazón estar elevado, lo más cercano a su posición natural y las rodillas del morrocoy no se arrastren al intentar caminar.
La imagen puede parecer curiosa, hasta tierna, pero es algo serio. Ese carrito no es un juguete, es un instrumento para contribuir en el proceso de rehabilitación para mejorar las condiciones corporales tras el deterioro que ha vivido el animal en condiciones que no han sido “adecuadas”.
En la naturaleza, hay vegetación, raíces, hojas, desniveles, distintas superficies donde el animal se mueve, busca comida y desarrolla músculo. Una jardinera con tierra seca y compactada no reproduce nada de eso.
Ni carne condimentada ni sobras de la mesa
Otro caso atendido por Marquis llegó después de una intoxicación.
A dos morrocoyes les dieron carne preparada para consumo humano, cocida y condimentada con ajo, ají y condimentos. Lamentablemente una de ellas murió. El otro sobrevivió después de vomitar y expulsar parte de lo que había comido.
Que sea adecuado para una persona, no necesariamente lo es para un animal y menos si es silvestre. Los condimentos que usamos a diario en la cocina pueden ser peligrosos para ellos.
La visita al veterinario fue oportuna, el tratamiento: mejorar la nutrición e hidratación. Observar a este animal, marcó la diferencia, la consulta reveló muchos detalles que pueden solventarse. Patas débiles, poca musculatura, mostraron un ambiente deficiente y una alimentación que urge corregir.
Un hogar no siempre es un lugar adecuado
La lección más importante de estos casos no está en una lista de alimentos, está en entender que los morrocoyes no son mascotas. Que un animal sobreviva dentro de una casa, no significa que ese lugar sea apropiado. Puede pasar años y al mismo tiempo, desarrollar problemas invisibles hasta que el daño sea permanente.
- Un piso liso
- Ausencia de luz UVB o de sol
- Temperatura y humedad incorrectas
- Poco espacio para moverse
- Una alimentación pobre
Todo esto es una bomba de tiempo, tarde o temprano habrá señales de deterioro, decaimiento y quien sabe.
Si alguien decide tener bajo su cuidado a un animal de fauna silvestre, la responsabilidad no disminuye… ¡aumenta! y por cierto… es ilegal.
No se trata de comprarle una casita bonita, el foco está en cubrir necesidades biológicas reales.
Antes de llevar uno a casa
¿Por qué termina un animal silvestre viviendo en un apartamento?
Casi siempre por simple desconocimiento. Alguien lo encuentra, lo regalan o lo compran pensando que es tranquilo y fácil de cuidar, hasta que con el pasar del tiempo descubren que mantenerlo bien requiere mucho más que darle de comer.
- Que sea tranquilo no significa que sea doméstico.
- Que camine dentro de una casa no significa que pueda vivir bien sobre cerámica.
- Que coma lechuga no significa que la lechuga sea suficiente.
- Y que sobreviva durante años tampoco significa que esté sano.
- No compres fauna silvestre, son animales longevos y por eso sufren durante años el cautiverio.




