El pasado 24 de agosto la presidenta Delcy Rodríguez anunció que las alcabalas policiales serían eliminadas en las ciudades. La medida fue presentada como parte de una política de transformación institucional orientada a modernizar los mecanismos de control y a erradicar prácticas de corrupción y abuso asociadas a los puntos fijos de revisión, bajo la premisa de que «la seguridad debe garantizarse con mecanismos eficaces, profesionales y respetuosos de los derechos».
En sustitución de las alcabalas, el Gobierno planteó un esquema de patrullaje preventivo basado en la movilidad constante y la capacidad de respuesta inmediata, aunque se mantendrían Puestos de Atención al Ciudadano en puntos estratégicos.
En DatosUN nos propusimos sondear la valoración general de la medida, la experiencia de los ciudadanos en alcabalas durante el último año, la confianza en que el nuevo esquema de patrullaje sea efectivo, y el alcance geográfico que debería tener la decisión. Publicamos una encuesta digital en nuestro portal web y redes sociales y entre el 7 y el 10 de septiembre participaron 534 personas. Lo que sigue son los resultados.
Respaldo mayoritario
La eliminación de las alcabalas urbanas cuenta con una valoración mayoritariamente positiva: el 70,2% de los encuestados la calificó como excelente (52,1%) o buena (18,2%). Un 15,4% se mantuvo neutral al considerarla ni buena ni mala, mientras que la valoración negativa —entre mala (7,5%) y pésima (4,7%)— alcanzó el 12,2%. Solo el 2,2% dijo no tener una opinión al respecto.
Malas experiencias
La experiencia previa de los encuestados en alcabalas ayuda a explicar ese respaldo. El 45,1% señaló que su experiencia predominante en los últimos 12 meses fueron situaciones irregulares y otro 20% reportó sensación de retraso o molestia por tráfico sin justificación. En conjunto, las experiencias negativas alcanzan el 65,2% de la muestra, frente a un 14% que asoció las alcabalas con protección y seguridad vial, un 11% que las calificó como una revisión de rutina normal y respetuosa, y un 9,7% que dijo transitar pocas veces o no haber tenido interacción con ellas.
Expectativas
La confianza en el mecanismo que sustituirá a las alcabalas —un patrullaje reforzado— es más cautelosa que la valoración inicial de la medida. El 47,2% de los encuestados considera que su efectividad dependerá de una mayor supervisión y dotación policial, mientras que el 30,5% cree que será mucho más efectivo para prevenir el delito y dar respuesta rápida. Un 11,2% opina que eliminar las alcabalas aumentará la inseguridad, y el 11% restante dijo no estar seguro.
Extender la medida
Sobre el alcance de la medida, que actualmente se limita al entorno urbano, el 45,7% de los encuestados considera que también debería aplicarse a carreteras nacionales y autopistas. Un 30% prefiere que se mantenga exclusivamente en las ciudades, el 14,8% señaló que las alcabalas no deberían eliminarse en ningún lugar, y el 9,6% restante se inclinó por aplicarla en zonas fronterizas.
Los resultados muestran una opinión pública que respalda la eliminación de las alcabalas urbanas, sustentada en experiencias previas mayoritariamente negativas en los puntos de control, pero que condiciona el éxito de la medida a la capacidad del nuevo esquema de patrullaje y que, en su mayoría, plantea extenderla más allá de las ciudades.





Excelentísimo eso de las alcabalas se prestaba para malos entendidos. Un producto salía de Maracaibo a Caracas costando 100 y en comisiones por todo el camino llegaba al consumidor hasta 200 y 250 coste final. Eso lo dijo el mismo gobierno en reunión televisada.