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La llaneridad: una identidad compartida entre Venezuela y Colombia

Expertos destacan cómo los festivales binacionales impulsan el joropo llanero y señalan los desafíos de la tradición

Tanto los venezolanos como los colombianos de Los Llanos comparten una serie de rasgos culturales e históricos que, con sus variantes, constituyen la identidad del llanero.


A lo largo de los siglos y hasta la actualidad, esta figura ha sido objeto de diversas lecturas, pero siempre ha resaltado por su fortaleza y capacidad de lucha frente a las adversidades; asimismo, se le ha reconocido por su rol histórico y se le ha inmortalizado en la literatura. Así, en este siglo XXI, el llanero se ha consolidado como un ícono de la cultura nacional que trasciende en las redes sociales y la cultura popular, manteniendo siempre vivo el acervo de tradiciones que lo caracteriza.


En torno a la expresión de la llaneridad de ambas naciones se han celebrado diversos espectáculos, principalmente musicales, tanto vocales como instrumentales y de composición. Se trata de eventos competitivos que se han popularizado y siguen teniendo fuerza bajo la influencia de la industria o de la organización local, donde se recrea, desde una perspectiva distinta, ese característico contrapunteo que define la cultura llanera.


Hoy en día, entre el espectáculo moderno y la fuerza ancestral, la llaneridad cabalga para mostrar la trascendencia de esta cultura. Es un acervo que, según algunos expertos en el área de las tradiciones, es una misma identidad compartida entre Venezuela y Colombia, mientras que para otros existen matices y particularidades que la diferencian, sin desdibujar los profundos lazos comunes que las unen.


Los Llanos: región compartida

Existe una vasta historia sobre el territorio de los llanos. Es importante señalar que, durante la época de la colonia española, su administración estuvo dividida entre la Capitanía General de Venezuela y el Virreinato de la Nueva Granada.


Posteriormente, tras la creación de la Gran Colombia en 1819 y con existencia jurídica en 1821, no existieron divisiones en sus fronteras interiores desde el punto de vista administrativo estatal a lo largo de una década. Tras su disolución, tanto Colombia como Venezuela iniciaron un proceso de diversos tratados para demarcar sus límites.


Fue con el denominado Tratado López de Mesa-Gil Borges de 1941, acordado durante la presidencia de Eleazar López Contreras, cuando nuestro país reconoció formalmente la soberanía colombiana sobre miles de kilómetros cuadrados en la zona de los ríos Arauca, Meta y Orinoco.


Los Llanos, como región compartida entre ambas naciones, abarcan una extensión de más de seiscientos treinta mil kilómetros cuadrados. En Venezuela, la ecorregión de Los Llanos abarca siete estados distribuidos entre sus zonas occidentales, centrales y orientales: Apure, Barinas, Portuguesa, Cojedes y Guárico conforman el núcleo llanero tradicional, mientras que Anzoátegui y Monagas integran las mesetas de los Llanos Orientales.


Y en Colombia la subregión geográfica y cultural de la Orinoquía comprende cuatro departamentos principales: Arauca, Casanare, Meta y Vichada, además de la franja norte del departamento del Guaviare como zona de transición hacia la Amazonía.


De sus extensas sabanas surge toda su fauna y sus expresiones humanas, presentes tanto en la cotidianidad del trabajo de campo como en su universo repleto de leyendas.


Qué es un llanero

Ignacio Barreto, investigador, escritor y viceministro de Identidad y Diversidad Cultural, explicó que Los Llanos, al haber sido históricamente un territorio bajo la administración venezolana, hacen que no existan diferencias sustanciales entre los llaneros de ambas naciones, motivo por el cual sus fronteras geográficas se diluyen ante esta profunda conexión histórica y cultural.


Barreto dijo que “es importante precisar cómo debe ser definido el llanero: es quien trabaja en las tareas propias del hato: arreo de ganado, ordeño y trabajos a caballo. De manera que es un segmento de la población que se determina por las tareas que cumple”.

La dedicación a la tierra define la identidad de los llaneros. Foto Youtube @minculturascolombia


El también rector de la Universidad Nacional Experimental de las Artes recalcó que “no se debe confundir a quien simplemente habita en la región llanera con el verdadero llanero,ya que este último se define por su destreza en el manejo del caballo; fue precisamente esa maestría sobre la montura lo que los destacó como combatientes invencibles durante el período de la Guerra de Independencia”.


Por otra parte, Fidel Barbarito, músico e investigador sobre estéticas y prácticas culturales descoloniales, profundiza en la relación de ambas naciones: “Venezuela y Colombia están unidas más allá de la llaneridad. Somos bolivarianos y latinoamericanos. Compartimos una historia y una geografía muy diversa, multicultural: pienso en el pueblo wayú, en los diversos pueblos andinos, amazónicos, afrodescendientes; somos caribeños, en fin, un pluriverso”.


Barbarito señaló que recientemente el concepto de llaneridad ha sido empleado como un motivo de enfrentamiento o división entre Colombia y Venezuela. “Es como si tuviéramos que definir quiénes son los más llaneros… Es una trampa. La llaneridad es un modo de vida que le dio dignidad a quienes huían del orden colonial. Las y los llaneros crearon unas músicas que estuvieron prohibidas y perseguidas por la inquisición y el orden civil, y crearon una identidad más allá de las fronteras. Una identidad tan profunda que aún hoy hay personas que se reconocen en ella, aunque nunca hayan montado un caballo para arrear una punta de ganado”, afirmó.


El autor del libro Joropo llanero. Parranda de “re-existencia” (2019) dijo que “efectivamente, desde México hasta la Patagonia existen culturas de sabanas, llanos y pampas hermanadas, en las que podemos encontrar equivalencias culturales, semejanzas musicales, poéticas, dancísticas y culinarias, que están muy arraigadas en cada una de esas zonas muy específicas y determinadas por un modo de vida que, en el caso venezolano, se vio alterado dramáticamente por el modelo productivo desarrollista del capitalismo extractivista petrolero”.


“En Venezuela hay una construcción histórica de la heroicidad del hombre llanero como sujeto de la gesta independentista del siglo XIX. Eso no ocurrió así en otras partes”, concluyó.


Unión llanera

Juan Carlos Tanus, director de la Asociación de Colombianos en Venezuela, expresó que la hermandad entre los dos países está en su cultura y en su espacio geográfico.


“Los 2.219 kilómetros de frontera que nos unen, integrando a millones de pobladores entre ambas naciones en esta región, representan la verdadera unión llanera”, explicó Tanus, docente y migrante de origen colombiano.


El músico barinés Vidal Colmenares dijo que el llanero colombiano y el venezolano comparten “el ordeño, el cabestrero, el arreo… todo lo que tiene que ver con las faenas. Para nosotros no hay fronteras”.


Torneos y festivales

Existe una amplia variedad de eventos binacionales, musicales y dancísticos, enmarcados en la tradición llanera, especialmente en torno al joropo, que buscan fomentar el intercambio y la integración cultural, así como impulsar la evolución de este acervo compartido.
Frente a estas actividades de encuentro popular, Tanus afirmó que desde el espacio cultural “es sano que exista la competencia musical, porque se evalúan en medio de la piquería”.


Por su parte, Colmenares manifestó que en Colombia se celebran varios festivales, pero que en los últimos años las delegaciones venezolanas no cuentan con un número sólido de integrantes para participar. Señaló que ahora la presencia es más individual, dividida por algunos instrumentistas, cantantes y parejas de baile, sin llegar a enviar agrupaciones completas donde se vea representada toda la tradición musical.


Por otra parte, Barreto comentó que estos espectáculos son fenómenos que están fuera del margen de la tradición, porque la mayoría provienen de la industria del entretenimiento y del turismo, la cual está instalada fuertemente en Colombia, aunque “de alguna manera ha servido para catapultar y proyectar a importantes intérpretes de la música del joropo llanero”.


“Así como esos festivales han servido para proyectar a intérpretes de distintos instrumentos, del canto y del baile, al mismo tiempo han distorsionado la naturaleza original del género. La han distorsionado hasta el punto de convertir algo que estaba hecho para compartir en una fiesta profundamente campesina para mostrarlo como actos de virtuosismo”, añadió.


Aunque los expertos tienen distintos puntos de vista, coinciden en que estos eventos han servido para proyectar la tradición.
La mayoría de estos espacios tienen una intención de encuentro binacional. En Colombia, el certamen más relevante es el Torneo Internacional del Joropo en Villavicencio (Meta), reconocido por su multitudinario joropódromo, sus concursos de interpretación instrumental y vocal y el Reinado Internacional del Joropo.


El Torneo Internacional de Contrapunteo y Voz Recia Cimarrón de Oro en Yopal (Casanare) está enfocado estrictamente en la potencia del canto recio y el duelo poético improvisado entre copleros.


En Puerto Carreño (Vichada) se celebra el Torneo Internacional del Corrío Llanero, centrado en la narrativa oral, el baile criollo y la música inédita, mientras que en Acacías (Meta) destaca el Festival del Retorno con su icónico concurso de baile Zapateando en el Retorno.


En Venezuela, uno de los encuentros de mayor trayectoria es el Festival Internacional de Música Llanera El Silbón en Guanare, Portuguesa, una competencia integral que abarca baile criollo y académico, voz recia, contrapunteo y ejecución instrumental.


En Apure cobran vida las emblemáticas Fiestas de Elorza junto al Festival Criollo Doña Bárbara de Oro, caracterizados por sus bailes sabaneros y amaneceres llaneros, además del riguroso Torneo Internacional Florentino de Oro, que evalúa la máxima exigencia poética popular e improvisación del contrapunteo. Finalmente, en Valle de la Pascua, Guárico, el Festival Nacional de Música Llanera Panoja de Oro reúne delegaciones de cantantes y bailarines venezolanos. También ha integrado a invitados especiales del país hermano.


Abundan las leyendas

Nacidos de una rica tradición oral compartida, las leyendas de Los Llanos manifiestan advertencias morales y elementos mágicos. Entre sus figuras más emblemáticas destaca El Silbón, alma en pena que vaga portando un saco de huesos, y La Sayona, espectro vengativo que castiga a los hombres infieles.


Es muy popular el desafío de Florentino y el Diablo, un duelo de contrapunteo sobre la astucia llanera, y Juan Machete, el hombre que pactó con el demonio por riqueza, junto a la misteriosa Bola de Fuego.

Otras expresiones que unen. Cada 19 de marzo, Venezuela celebra el Día Nacional de la Llaneridad en honor a San José, patrono de Elorza. Por su parte, Colombia festeja el Día Nacional de la Cultura, Tradición e Identidad Llanera cada 25 de julio.

Los cantos de trabajo expresan una poética popular. Foto Unesco


Ambos países comparten una arraigada identidad donde destacan los cantos de trabajo y el joropo llanero, expresiones declaradas patrimonio cultural inmaterial por la Unesco en las que el cuatro cumple un papel fundamental; sin embargo, en suelo venezolano este género musical alcanza una mayor diversidad, como el joropo tuyero, oriental, guayanés, larense y andino.


La vestimenta típica representa un elemento emblemático de la región Destaca el liquiliqui o ropa sencilla, alpargatas y el infaltable sombrero de ala ancha elaborado en fieltro de pelo animal. Esta riqueza cultural se completa con una gastronomía autóctona marcada por carnes asadas, pisillos, sopas a leña, arepas, cachapas, y acompañantes imprescindibles como la yuca, el topocho y el queso blanco.

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