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Guaraña pa’ Ismael

“Le paso el turno a Ismael pa’ que pueda terminar” y entonces Ismael: “Voy a parar la guaraña para descansar los dedos”. Es decir, la amistad inquebrantable entre Ismael Querales y Francisco Pacheco desbordaba el horizonte de la musicalidad venezolana en la que se introdujeron. Pero hay más: “Para descansar los dedos”. ¿Y es que alguna vez los dedos de Ismael Querales descansaron?

«El Canto de Guaraña» que Un Solo Pueblo destapó en 1980 para los asombrados oídos venezolanos, no solo fue una revelación sino un sendero por donde comenzaron a transitar músicos que alzaron banderas de redención para nuestra diversidad Cultural.

La filmación de la película y luego la casa en Maripérez sirvieron de asiento a la hermandad. Los Querales no se pararon en artículos a la hora de estudiar, indagar y proponer en el avance de nuestro valores culturales genuinos. Así como Jesús siempre gerenció (alguien tenía que tomar la batuta), así Ismael entendió el alma de la bandola para siempre. La inolvidable Milagros Figuera me decía: “No hay como él” y ella era bandolista. Además estaba Florentino, el que bailaba. Jamás he vuelto a ver una Burra como la que hacía Florentino (quien partió demasiado joven), y en Venezuela hay cultores de la Burra, a granel.

Una vez le dije: “La salsa te observa, porque en la salsa hay cuerdas, Ismael” y me respondió: “Yo observo a Yomo Toro pero no me puedo distraer mucho. Hay demasiado por hacer en nuestra música de tradición”. Ahora partió el insustituible, el que miraba arrobado los compases de Anselmo López sin encasillarse solo en el llano. Cuando alguna vez se haga inventario serio en el debe y el haber de nuestro patrimonio musical y cultural, Ismael Querales no tendrá jamás un debe: todo lo entregó y Venezuela se lo reconoce entre llantos y cantos. No vueles alto, Ismael. Quédate. Siempre haces falta.

@lildelvalle

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