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 Cumpleaños del Monstruo

Algo nos encierra y oxida el aire en recintos de postergados aislamientos tejidos por fibrosas sombras de extinciones inminentes. Tratamos de salir y no logramos vencer esas fuerzas que, como imanes nos atraen, irresistiblemente, hacia paredes invisibles. Cómo liberarse de aquello desconocido que se apodera de nosotros de tal manera que, al solo intentar la huida o el escape, sentimos de nuevo el cerco, el límite, el desvanecimiento, ante cualquier gesto, que indique alguna forma o manera de fuga o retirada. Estamos atrapados en redes de tentáculos de toda índole, de todo calibre y de insospechados linajes. Cómo sentirse libre en un mapa trazado y dibujado, por emisarios de remotos cautiverios que asiduamente vuelven a nuestros entornos y alrededores, a custodiar celosamente el rumbo de nuestros pasos. Esto pareciera de pronto, presentarse como manía o enfermedad; quiero decir, esta sensación de estar encerrado entre paredes imaginarias y sentenciados a permanecer sumidos a una inmovilidad; a veces, perpetuada, sin atisbo de algo que insinúe o presagie, alguna movilidad, sea inventada, imaginada o simplemente aparente. Somos testigos presenciales de nuestros propios cautiverios al sentirnos vigilados, calculados, inducidos, acosados, en todo momento y en cualquier lugar, por donde transita lo que anima la sangre, hacia las savias del aliento que mueve nuestras vidas.

Escribo estas palabras para asistir a una festividad o celebración, no muy común en nuestro acontecer literario; quiero decir, a la lectura de un libro escrito con un lenguaje apegado a la brevedad y precisión, que caracteriza a toda escritura gestada en el epicentro de abismales asombros. Se trata de El Cumpleaños del Monstruo, libro de cuentos escrito por el narrador venezolano Wilfredo Machado y editado por Nila Ediciones, 2025. El mismo fue ilustrado por Pablo García Sanoja, quien dibuja formas, cuerpos y estructuras, reveladoras de imágenes que conviven con las narraciones de este libro.

Afirma el autor de estos cuentos que los mismos provienen de: una exploración lúdica y despiadada de monstruosidades que anidan en el corazón humano, en los rincones olvidados de la ciudad y en los rituales agrietadas de la normalidad.                 

Los cuentos que forman parte de este libro de Wilfredo ponen en evidencia el descalabro que signa de manera alarmante a las grandes urbes; la soledad abrumadora en aquellos que pululan por las calles del residuo, los desagües y el desecho. Seres como sombras entregados a la mendicidad, el desamparo y la desidia. Seres que consiguen apenas, temporales y vulnerables refugios en aceras, calles, veredas y callejones, o debajo de algún puente:

Al anochecer, cuando me disponía a cerrar las pesadas puertas de la Catedral, vi al grupo de mendigos reunidos en los jardines. Algunos me veían con lástima, como si se compadecieran de mi prominente joroba.  (Las gárgolas de Notre Damus).  Y por momentos la narración de estos cuentos es tomada por el timón de la poesía, y leemos: Aquella luz parecía el farol parpadeante de un bote de pesca navegando en medio de las tinieblas (El ábaco)

 Personajes sin arraigos posibles, los de estos relatos, en su tránsito incontenible, hacia trágicas desembocaduras de insaciables incertidumbres. Personajes como pasados por los engranajes de amorfas máquinas que muerden, segmentan, trituran; y se hacen invencibles titanes mitológicos reencarnados en el poder que rige el destino de los nuevos tiempos. Personajes sonámbulos relegados y reflejados en pantallas gigantescas, donde se trasforman en imágenes volátiles, informes y violentamente evanescentes. Así, leemos en otras páginas: cuando se miró en el espejo sintió que era un animal emergiendo desde las sombras hacia la luz de la mañana (El humo solitario).  Y quien escribe estos relatos expresa su asombro ante una escritura que apunta hacia irrefrenables desencantos, y dice: mientras escribo esta historia con manos temblorosas el perro de la noche me muestra los dientes.  

Todo es posible en estos cuentos, en los cuales, se hace sentir la fusión de manera  casi inadvertida, de ficciones, realismo, invenciones, ciencia ficción, humorismo, lo fantástico y lo onírico. Hasta un maniquí como salido de una secuencia cinematográfica, aparece con su apariencia sorprendentemente humana; y en seguida, es integrado a una comunidad de mendigos, leemos en el siguiente fragmento:

Miró de soslayo el contenedor de basura bañado por las luces de la autopista, y fue allí, en uno de los peores lugares del mundo, donde sus ojos encontraron las piernas delgadas y discretas, que sobresalían de las bolsas de basura, cerca de la plaza, donde los mendigos se reunían a fumar crac por las noches…Al llegar al lugar vio a los dos mendigos atizando la hoguera, donde ardían los restos del maniquí. (El maniquí)

Paulatinamente avanza el monstruo de las mil cabezas por patios medievales, exhalando llamas infernales; más tarde, aparece en portales de enfurecidas gárgolas que muestran colmillos de felinas intenciones; también, reaparece en los campos de los desvencijados, fragmentados y sometidos, a  las hogueras inquisitoriales. Tiempo después, se detiene en aquellas continentales planicies, se sacude y pisa fuerte, estremeciendo el planeta bajo los humos de monstruosas guerras mundiales. El monstruo no descansa, no propicia pausa ni tregua; y de pronto, se hace sentir  también en las películas: Cuando el destino nos alcance; La pared; Alas de libertad; El libro de Elis. El monstruo se hace inaprensible cuando estalla en algún poblado y deja escombros de sus travesuras a su paso; secuelas de daños colaterales e irreversibles. Y continua avanzando hasta consolidar una imagen de dimensiones inconmensurables; imagen muy bien definida en la robótica, la cibernética, la informática; y en la gran pantalla, donde se mueven las multitudes de este siglo, signado por irremediables fragmentaciones, dispersiones; y asimismo, por aislamientos en rincones, callejones y suburbios de asfixiantes metrópolis despersonalizadas. Y esta llegada del monstruo a los predios de nuestro tiempo, fue anunciada con preocupación en páginas de hondas y agudas reflexiones, que hemos leídos en libros como: El shock del futuro; El futuro de la herencia humana; Recuerdos del futuro; Un mundo feliz; Fahrenheit 451; El mago de la cara de vidrio; La guerra secreta del petróleo, entre otros.      

Pero, a propósito de monstruos ¿quién es el monstruo en este libro de Wilfredo Machado? Pues,  no lo sé, y creo que pocos lo saben. Sin embargo, al respecto, cuenta el autor, lo siguiente:                   

Era como si una enorme bestia antediluviana, armada de ruidos, estruendos potentes y surgidos del mismísimo infierno, se hubiera puesto a gritar con todas sus fuerzas en medio de la noche…Cientos de personas, yacían conectados a terminales en butacas de cuero, recibiendo instrucciones de una enorme pantalla de la que emanaba el zumbido infernal…El hombre se esmeraba entre sollozos, intentando una versión clásica del cumpleaños feliz que los conmoviera, pero en ese momento los monstruos, sin ningún tipo de etiqueta o consideración, se abalanzaron sobre él, devorándolo.   

Se hace oportuna la invitación a participar en El cumpleaños de monstruo por el escritor venezolano Wilfredo Machado. Sin duda, la lectura de este libro puede hacernos viajar por espacios urbanos, habitados por identidades, rostros y perfiles; de aquellos, los que caminan a través de los claroscuros de lo inédito, difuso o desconocido.       

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