La palabra viaja en la voz de los hablantes. Inquieta, persevera y se impone ante las corrientes de los olvidos; así, como a los arrebatos violentos de la prisa que nos sumerge en inevitables fugacidades. Por eso cuando hablamos insistimos en repetir frases; haciendo énfasis en esa sonoridad y musicalidad de las palabras; que se hace sentir con más intensidad, desde los infinitos matices dialectales, que se dan en los dinámicos, espontáneos y cambiantes predios del habla. En los sonidos que produce la palabra dicha a viva voz, resuenan también, otras voces: las de las emociones; las de aquello oculto o solapado entre paredes de antiguos silencios; las voces de las pasiones o sentimientos que perviven y trascienden sus mismos orígenes, expresándose continuamente, desde el inagotable deseo de perdurar o permanecer, al ser correspondidos o escuchados; por las veredas, calles y avenidas de esa ciudad que muy bien podríamos llamar “La Conversa”.
Una vez leí en el lomo de un libro un tatuaje que decía: “Diccionario de palabras que mueren”, desde ese día no he podido alejar de mi mente la imagen de un cementerio de palabras que no deja de asombrarme. En otra ocasión me encontré con otro libro titulado: “Obituario de voces caraqueñas.” Si las palabras mueren, valdría la pena preguntarnos: ¿Muere algo dentro de nosotros cuando se nos muere una palabra?
Digo esto para referirme al libro de poemas “Diario de la lengua en salsa” del poeta y ensayista Franz Ortiz Castañeda, edición trilingüe en español, inglés y francés, publicado por ediciones Esteban Guerrero, Barquisimeto, 2007. Los textos de este libro fueron traducidos al inglés por Rosa Ortiz de León y al francés por Edwin Antiche Garzón y la portada luce un extraordinario trabajo del pintor José Luís Aldana.
“Diario de la lengua en salsa” es uno de esos libros que se hacen o se gestan en el corazón del habla. Aquí, el poema abre las puertas a todas las palabras sin discriminación alguna. Hasta la “palabra disparada a ciegas” camina por los pasillos de esta casa hecha de voces, que jamás podrán morir en boca de los hablantes. A estas páginas vienen también las muletillas cansadas y maltrechas de tanto ser sacudidas por vacías reiteraciones. Pero, cuando entran al “cuerpo del poema” reviven y recobran la sonoridad y el ritmo de sus orígenes, al abrazar a otras palabras en la página, que humildemente ofrece el refugio del verso, que galopa libre por las sabanas del poema. El poeta Franz va ”arañando palabras sin arraigo” para acariciarlas con las sencillas tintas de una escritura venida de las fuentes del habla de la gente, con sus variados y deliciosos matices y colores. El poeta deja que el verbo se vuelva “puro relincho desbocado” entre “las voces con su caída libre” que huyen despavoridas de los rígidos predios de la academia, que siempre ha pretendido domar lo indomable. En estos textos las palabras se distancian de “los jueces del idioma” y se resisten a entrar en los sarcófagos de los diccionarios. Prefieren pasear de boca en boca por plazas, mercados, calles, barrios, bares; y por todo lugar, donde hablar es devolverle a la vida la savia de la conversa. Respecto a esto último considero oportuno citar un breve párrafo del ensayo “La lengua del corazón” de la escritora y ensayista venezolana María Fernanda Palacios, allí comenta lo siguiente: “…Para recuperar el cuerpo de la lengua hay que irse a esos suburbios del decir, a las fronteras de lo verbal, donde la costumbre no ha logrado instalarse…”
Estos poemas de Franz Ortiz nos invitan a conversar y a escucharnos con nuestras humanas y naturales carencias. Leemos en este libro los siguientes textos poéticos:
VIDA DE LA LENGUA
“De cierto de cierto os digo”
Cábala es mi origen
lengua muerta viva en el sustrato
todo cifrado en lo profundo
desde aquel siglo sin numeración
hasta una civilización memorial
sostenida por la historia del verbo.
Hablar contar cantar
soltar la melodía sin ataduras
porque la lengua te hace gente
dota la vida de los cinco elementos
empuja el movimiento de lo creado
RECETA PARA LA LENGUA EN SALSA
Arrancar la lengua de la boca
trocearla al picadillo
bañarla con pasión agridulce
luego mezclar con ajo pólvora sentencias
enjuiciar sus raíces a mansalva
aniquilar cualquier sentido en rebelión
después cocerla a fuego lento
sin agua sin temor sin saliva
una vez alcanzada la blandura en extremo
servirla extendida en la calle del medio
para que cualquier transeúnte
alguna gente con memoria del habla
agregue su condimento preferido
hasta recrear la sazón de otra lengua.
O SEA
Hablo en el aire o sea
arañando palabras sin arraigo
sin armonía en las correspondencias
como un paracaidista con su tela rota
o sea sin sazón en el habla
con el ritmo interior entrecortado
o sea tratando de decir
algo casi imposible
angustiado frente a ese mundo ajeno
que deseo dibujar y se me escapa
o sea cómo padezco
cuando me pierdo en las ideas
en este laberinto de una memoria
sin su lenguaje real.
POR SUPUESTO
Declaro por supuesto
Me elevo por supuesto
Globalizo mi imagen por supuesto
Invado las pantallas por supuesto
Sonrío en las primeras páginas por supuesto
Reino en las entrevistas por supuesto
Soy un anecdotario por supuesto.
Por supuesto despliego mi limbo
Por supuesto hago hueco mi alma
No acepto mi vacío aferrado a la máscara
Tengo lengua de paja
pensamiento inerte
amor por mí en extremo por supuesto.
Por supuesto repito
repito sin conciencia por supuesto.
Franz Ortiz Castañeda (Libertad, Edo, Barinas, Venezuela, 1950). Ha vivido muchos años en Barquisimeto, Lara. Profesor de Literatura jubilado de la UPEL-IPB, Universidad donde se desempeñó como Coordinador de Extensión Cultural. Ha publicado los libros de poesía: También el infortunio tiene fiesta (1982); Ruido de la flor (1998) y Letanías (2000). Ensayos: Doña Bárbara o un mundo de la coloquialidad del peón del llano (1986); Poética y simbología de lo nacional en “Barco de piedra” de Andrés Eloy Blanco (1986); Canaima y Los Pasos Perdidos: dos mundos paralelos (1987); Teodora: loza, la luna y el viento (2001); La poesía de Ana Enriqueta Terán: Universo de Imágenes recurrentes (1995). Publica también las antologías: Poesía y prosa de Roberto Montesinos (2001) y José Pío Tamayo, conciencia de poeta y combatiente (2001).




