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El dinero de hielo

El dinero no me alcanza, cada día vale menos.

Si no lo gastas pronto no vas a poder comprar nada.

Expresiones comunes que se escuchan, ya sea que haya o no inflación. Es como una huella que queda impresa en la gente de muchos países que han tenido momentos difíciles en el pasado.

En muchas economías de países en desarrollo estas expresiones son populares en la vida cotidiana, ¿en toda la sociedad? Pudiéramos creer que sí pero no, depende de la situación socio-económica, de la facilidad con la que se consiga o se disponga del dinero, igualmente de la forma en la que se consigue: trabajando duro o poco, heredado, a través de acciones ilícitas, a través de los juegos de envite y azar, etcétera. Al respecto, hay una expresión popular que encierra mucha sabiduría: “No valora porque no sabe cuánto cuesta conseguir las cosas”. Es decir, la dificultad para conseguir algo o disponer de él, en el caso particular del dinero, es directamente proporcional al valor que le asigna la persona, creo que a esta conclusión en general ya ha llegado la economía moderna. También, el propósito que se persigue con tener ese algo cuenta. Ninguna teoría de valor ha postulado algo parecido. ¡Verdad! A lo mejor la escuela austriaca, en su exploración por eso de su perspectiva de la economía como “Acción Humana”.

En esta oportunidad nos referimos al dinero, poco importa si tiene valor intrínseco, valor de mercado, valor nominal, si es una divisa o solo moneda de curso legal, hay ocasiones en las que el dinero en sí mismo pierde valor. A esta pérdida de poder adquisitivo del dinero le denominó el escritor venezolano Arturo Uslar Pietri “inflación monetaria”, en dos artículos publicados entre 1947-1948, en la prensa nacional. Los títulos de los referidos son: “LA OTRA EROSIÓN” y “LOS BOLÍVARES DE HIELO” y sirven para ilustrar sobre los efectos de la súbita transformación, en dos décadas, de Venezuela, que le llevaron de un país rural y agroexportador a un país petrolero. Hemos tomado prestada la metáfora de uno de ellos para titular la presente reflexión, que aborda el tema del dinero de una manera más general: “El dinero de hielo”.

Dos citas de los artículos mencionados:

“Los efectos malignos del petróleo se han acentuado desde entonces. Es desde entonces cuando ha habido un pleno y alegre abandono a la riqueza fácil. Cuando toda la atención se ha centrado, como la de los botarates y pródigos, en obtener más dinero. Más dinero para trocar por barajitas…

La prueba más evidente y la señal más palpable de esa grave responsabilidad es la inflación monetaria…” (LA OTRA EROSIÓN, Arturo Uslar Pietri, De una a Otra Venezuela, 1980).(negrillas nuestras).

“Ha habido prisa por convertir el petróleo en dinero y ha habido más prisa aún para lanzar ese dinero a manos llenas, sin plan, ni concierto…Y cada día, fatalmente, el dinero vale menos. Sirve para adquirir menos cosas.

Es como si el bolívar se fuera poniendo más pequeño cada día, como si se estuviera derritiendo continuamente en las manos, como si fuera de hielo…” (LOS BOLÍVARES de HIELO”, Arturo Uslar Pietri, De una a Otra Venezuela, 1980). (negrillas nuestras).

En ambos casos, se trata de ilustrar el comportamiento y motivación de los humanos en relación con el dinero. La dimensión subjetiva del dinero, que tiene también que ver con el fenómeno económico de la inflación, esta vez, como pérdida del poder adquisitivo del dinero.

Algunas preguntas para el calentamiento

¿Para qué quiere Ud. el dinero?: a) para adquirir los medios de vida, b) para comprar maquinaria, para comprar equipos, para mantener su negocio, para producir, c) para vivir sin trabajar d) para ahorrarlo y tener una vejez segura o para casos de emergencia, e) para atesorarlo y sentirse poderoso.

¿Le cuesta cobrar por lo que hace o por las cosas que les vende a otros que las quieren?, ¿no sabe ponerles precio a las cosas? ¿A veces el dinero le rinde más que en otras ocasiones?, ¿se ha puesto a pensar por qué?

¿No sabe cómo conseguir dinero que no sea trabajando? ¿Si Ud. es productor o comerciante, cuál es el criterio que emplea para poner los precios a sus productos o servicios: a) estructura de costo + margen razonable de ganancia, b) por aproximaciones sucesivas, ¿se sube el precio hasta donde el cliente esté dispuesto a pagar?, c) deja que lo ponga el Estado, en base a los costos de producción, el subsidio y los incentivos que se obtengan en las negociaciones.

El crédito aumenta su capacidad de compra, es como si aumentara su cantidad de dinero, a mayor crédito mayor es la propensión a que se compre algo más caro. ¿Está de acuerdo con esta afirmación? Se podría decir que es una inflación monetaria inducida por el crédito.

Veamos algunos datos, hechos, comentarios, expresiones y relatos que ayudan a ilustrar el punto:

“Según la firma Ecoanalítica, el aumento de los precios en dólares durante 2022 fue de 53,6%” (el estímulo, 30-1-2023).En Venezuela.

“Según el economista y director de Ecoanalítica, Asdrúbal Oliveros, más allá de la media del aumento de los precios en dólares, destacan dos datos: la escalada de los precios en divisas de los alimentos fue de 66,7%, mientras que la categoría con la variación más alta fue la de Restaurantes y Hoteles, que subieron 94,9%.” (Ib.)

Es de resaltar que en los rubros que más subieron es muy poca la incidencia del USD en su estructura de costo.

Pero este fenómeno también se registra en Argentina:

“Argentina se encarece en moneda dura: la inflación en dólares llegó al 27% en los últimos 12 meses” (Clarín, 2-4-2022).

Palabras más palabras menos, los y las economistas argentinos y venezolanos argumentan que se debe a que las monedas locales están sobrevaluadas frente a la divisa estadounidense y por ello se da el ajuste. Este valor ficticio de la moneda local se debe a la intervención de los bancos centrales para mantener la paridad, es decir, la quema de divisas. Las preguntas que nos surgen: ¿desde cuándo ha sido así?, ¿qué pasa si nadie oferta en el mercado cambiario, hasta dónde llegaría el valor de la moneda nacional frente al dólar y cuál sería el impacto en los precios de la economía real interna?, ¿A qué se debe este vínculo entre el dólar USD y la moneda local y sus efectos en la economía interna, es normal, es saludable, es inmutable?

Un hecho que serviría para debatir la argumentación citada anteriormente:

“El Banco Central de Chile destinará 25.000 millones de dólares a sostener el valor del peso

El mercado de cambios responde con una revaluación de la moneda al anuncio del plan, que inicia el 18 de julio” (El país, 15-7-2022). Hasta el Banco Central de Chile “quema” divisas.

Sin embargo, vamos a buscar otra aproximación al fenómeno socio-económico de la variación de poder adquisitivo del fuerte dólar estadounidense (USD). Veamos un cuento ficcionado, basado en datos reales, para ilustrar:

Se trata Mark Smart, un vendedor internacional estadounidense fanático de las hamburguesas de una conocida transnacional estadounidense de comida rápida, él ha notado algo extraño al viajar por varios países los USDs le rinden más, en mucho de ellos, que en su país. Notó que come más hamburguesa por los mismos dólares. Por ejemplo, en Julio del 2022, comió el doble de hamburguesas en Venezuela, en China y Chile le salieron aproximadamente 30% más baratas. Sin embargo, le sucedió lo contrario al viajar a Noruega o a Suiza, la misma hamburguesa le costó de 21,6% a 30% más, respectivamente. Los mismos billetes de USD, tenían un poder de compra distinto dependiendo del país donde iba, en el mismo mes.

Esta rareza le despertó la curiosidad, como él era muy organizado y además le pagaban viáticos, buscó en sus registros a ver si esta situación variaba en el tiempo. Encontró que, en junio del 2012, en Israel la misma hamburguesa le costaba 26% menos que en EE.UU., en julio 2012, esta hamburguesa apenas le costaba 4% menos. En Argentina, en enero 2019 los USD se podían comprar dos hamburguesas por su costo en los EE.UU., en julio 2022, apenas una hamburguesa. Si alguien en Israel o Argentina hubiera guardado los billetes USD, la sensación sería: “se derritieron”. Se experimentó una inflación en dólares.

Los analistas económicos de seguro tienen dos razones para explicar el fenómeno: por la variación en el precio de las hamburguesas o por variación de las tasas de cambio de las monedas nacionales frente al dólar. Si en dicho país se acepta el dólar USD como circulante local (caso actual Venezuela), solo queda la inflación o deflación en dólares de la hamburguesa para el caso de la compra-venta local en divisas.

Los datos utilizados para el relato son reales, han sido tomados de la información levantada por the economist para elaborar su popular índice Big-Mac.

De la data de un poco más de dos décadas (2000-2022), se observan algunas cosas sobre el poder de compra del Dólar estadounidense (para la hamburguesa Big-Mac) o sobre la apreciación/devaluación de las monedas nacionales frente a éste:

En Julio del 2022, en 68 países de los 73 del estudio, es decir el 93%, las monedas nacionales están subvaloradas frente al dólar. Solo cinco países tienen monedas apreciadas frente a la divisa estadounidense: Suiza con 30%, Noruega con 21,6%, Uruguay con 18,1%, Suecia con 8,53% y Canadá con 1,97%.

Entre 2000-2022, el promedio de 59% de los países del estudio tiene monedas nacionales subvaloradas frente al dólar. Es decir, en estos países el USD tiene más poder de compra incluso que en EE.UU.

Si esto sucede con el índice Big-Mac, ¿cómo será la cosa cuando este poder de compra de la divisa estadounidense se calcula con una cesta de bienes y servicios? ¿Qué pasaría si los Bancos Centrales no intervinieran regularmente para mantener la tasa de cambio frente al USD? Esta subvaloración de nuestras monedas contradice a los economistas que argumentan la sobrevaloración de nuestras monedas nacionales. Si los precios suben para igualarse a los de EE.UU. (el patrón de consumo), menos los salarios, ¿a dónde va a llegar la pobreza en nuestros países?

Con el tiempo, el uso y la socialización, la práctica se hace costumbre, la costumbre se hace cultura, se naturaliza y luego se cree que es inmutable.

Urge revisar los patrones que se nos han impuesto.

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