No es, de ninguna manera, coincidencia que las turbas fascistas que tumbaron a Evo Morales vistieran todas de negro cerrado, como en uso de un uniforme orientado a distinguirlos claramente del resto de los bolivianos.
Se demuestra así que las hordas estaban más que organizadas y preparadas para ese fin. Otra evidencia de que lo sucedido en Bolivia no fue un quiebre institucional sino un golpe de Estado.
El fascismo ha usado el negro como color invariable de su vestimenta desde que aparecieron las primeras formas organizadas de la ultraderecha en la historia política. Un hábito estricto e inquebrantable del cual se enorgullece el fascista, porque el negro es el color que (según la lectura fascista) mejor expresa el odio y la perversión del supremacismo racista que incuban contra el ser humano los fascistas en su alma putrefacta.
El negro no es de uso exclusivo del fascismo. Menos en regiones frías. Solo que, además de la iglesia, son las hordas fascistas quienes lo usan como hábito para infundir temor y sumisión entre la gente.
Pero llama poderosamente la atención la perfecta sincronía de la gran cantidad de pobres, gente humilde de la ciudad y del campo, beneficiarios todos como nunca antes en la historia de Bolivia de las políticas incluyentes de Evo Morales, que no solo se incorporaron a la violencia desatada por la élite ultraderechista de ese país para deponer por la fuerza al presidente de la República, sino que además lo hicieron con el atuendo oscuro que exige el fascismo a sus militantes.
Está claro que en Bolivia el relato no era lo que dicta desde hace más de un siglo el viejo anticomunismo, llevado adelante por el imperio norteamericano para engañar a los pueblos con el terror y la mentira como argumento.
No era que el modelo de inclusión había fracasado y que solo generaba hambre y miseria entre los bolivianos.
De la Bolivia de Evo, el verdadero milagro económico de toda Suramérica, no puede decirse eso. En todo caso, el comunismo solo sería “culpable” del bienestar que por primera vez en la historia alcanza el pueblo en ese país.
Si algún logro han tenido los golpistas, es haberle destruido el amor propio a buena parte de ese pueblo.
Otra dolorosa muestra del daño que puede llegar a hacerle el anticomunismo a la gente.



