Toda semblanza de Vicente Rocafuerte siempre será polémica. A este guayaquileño, nacido el 1 de mayo de 1783 y muerto el 16 de mayo de 1847, la historiografía lo pondera como un actor preponderante en nuestra guerra fundacional.
Sería un personaje pudiente, ilustrado, políglota, errante. Como historiador y periodista reconocido, además de agitador político, llegaría a ser primer mandatario de su país. Como liberal estaría a favor de reformas sociales y políticas -escuela pública y obligatoria, textos escolares, formación para mujeres, cátedra de medicina, museo nacional, apertura religiosa, prensa libre, administración pulcra, mejor sistema carcelario, fomento de migración, etc.-, tenidas como medidas avanzadas para su época.
Sin embargo, pese a su adelanto político, Rocafuerte no pudo escapar de cierto elitismo, lo que lo llevaría a tender puente con sectores conservadores y autoritarios; aspecto que sus biógrafos estiman como contradictorio.
Rocafuerte paulatinamente saltaría del monarquismo al republicanismo, y con veleidades masónicas tempranas, cerraría su existencia adulta abrazando el protestantismo.
Si bien fue militar no libraría batallas en el campo de acción, jugando un rol más estratégico como financista de la causa independentista. Sería adversario consumado de Agustín de Iturbide, siendo cercano a Lucas Alamán y a Guadalupe Victoria, respectivamente.
Rocafuerte fungiría como diplomático mexicano en Inglaterra, Francia, Dinamarca y Reino de Hannover con el aval de fray Servando Teresa de Mier, obteniendo finalmente, como Simón Bolívar, la ciudadanía del país lindo y querido. Opositor y luego aliado de Juan José Flores, tendría una vida política muy activa en su Ecuador natal, en la cuarta década del siglo XIX.
Debemos resaltar que en su lucha por el poder, Rocafuerte fue enemigo de Simón Bolívar, en este sentido recordemos sus comentarios enviados al secretario de relaciones exteriores de México sobre las supuestas “aspiraciones monárquicas del Libertador”.
En un documento fechado 18 de septiembre de 1828 y calificado de “reservadísimo”, Rocafuerte dice sin ambages que el caraqueño está negociando el destino de América en Madrid “como ha vendido ya los de Colombia”, y que asimismo, ansía hacerse con México “que vale más que el resto de la América y a la que siempre ha aspirado; sabe en fin que prestará benigno oído a toda proposición que conduzca a coronar en México a un príncipe de la familia real; el tiempo ha manifestado al gobierno de Madrid el desatino que cometió en no haber confirmado el Tratado de Iguala”.
Seguía Rocafuerte afirmando que “Bolívar se ha quitado la máscara del patriotismo, y es capaz de todo”.
“Delirante”, “ambicioso”, “maquiavélico” son algunos de los epítetos utilizados por Rocafuerte para descalificar al Libertador. Una presunta tregua de España con Colombia, un hostigamiento del país norteño promovido por el mantuano, además de la intención de invadir a México, hace a Rocafuerte aconsejar neutralizar a Bolívar “quien aspira a cansar a los pueblos a fuerza de desorden, de anarquía y de desgracias para atarlos más fácilmente al carro de su poder absoluto o monárquico”.
Se encontraba así Vicente Rocafuerte entre los calumniadores del líder solar, se sumaba a aquellos tipejos que no soportaban el afán unionista del Hombre de las dificultades.





De una cosa estamos muy seguros todos los Venezolanos, es que, El Libertador nunca habló mal de otra persona, porque era muy frontal y claro, todos esos detractores de Simón Bolívar han pasado al Olvido, mientras que el, su legado perdura en el tiempo de los pueblos y en las mentes de los Hombres Revolucionarios.
Francys Emilio Romero Aguilar
Maestro, Alexander Torres Iriarte, con la sesión de calumnias, mentiras y falsos testimonios endilgados en contra de ese personaje de la realidad, Simón Bolívar, tambien se deslizan los elogios a la adulancia. Y parece que alrededor de la tipología de sujetos de gran calado en el contexto histórico, caso Bolívar, abundan como para explorar desde una Psicografía del hombre de las dificultades o el Libertador. Por cierto, este último título merecido por este incansable luchador. «Desilusionado y traicionado, su deseo era retirarse del mando supremo de Colombia, nos recuerda Armando Rojas en el QUIJOTISMO DE BOLÍVAR. Tal vez una respuesta de su carácter de hombre desprendido y de un temple singular. Leamos la referencia de Rojas: «Mi honor y mi gloria exige este acto de absoluto desprendimiento para que el mundo vea que en Colombia hay hombres que desprecian el poder el poder supremo y prefieren la gloria a la ambición», escribía al general Páez el 12 de diciembre de 1829″.
Que tristeza, que contradicción para un hombre de una época de sol, envidiar y querer suplir al padre de las Américas.
Simon Bolivar el Libertador de las Américas:
América Latina y la región del Caribe