El 6 de junio de 1820, el capitán general Pablo Morillo era acreditado para iniciar los acercamientos con los líderes republicanos.
El oficial español informaba al Libertador Simón Bolívar sobre el alto al fuego unilateral del ejército colonialista y convidaba a un pacto de regularización del conflicto.
Los delegados de Morillo en nombre de España y los del Libertador por la República de Colombia coincidieron por vez primera el 21 de noviembre de 1820 en la ciudad de Trujillo e inmediatamente comenzaron sus deliberaciones.
Representando a Pablo Morillo asistieron Juan Rodríguez del Toro, Ramón Correa y el comerciante Francisco González de Linares; mientras que los emisarios de Bolívar eran Antonio José de Sucre, Pedro Briceño Méndez y José Gabriel Pérez.
De tal modo que Bolívar y Morillo redactaron dos tratados en Trujillo: el Tratado de Armisticio y el Tratado de Regularización de la Guerra, firmados el 25 y 26 de noviembre de 1820, respectivamente.
Ambos tratados fueron ratificados el 27 de noviembre en Santa Ana por el Libertador presidente de Colombia, Simón Bolívar, y por el general en jefe del ejército español Pablo Morillo.
El Tratado del Armisticio reza textualmente que quedaban suspendidas las hostilidades durante el término de seis meses.
Las tropas que corresponden a cada uno de los ejércitos se situarán dentro de los límites señalados en el propio documento.
La comunicación para proveerse de ganados, mercancías y todo género de víveres para la subsistencia quedaba abierta y libre entre los respectivos territorios.
Uno y otro gobierno recibirá a los comisionados para tratar sobre la paz definitiva y los proveerá de salvoconductos, dándoles las garantías requeridas.
Tanto Maracaibo como Cartagena de Indias (que entonces estaba en manos de los españoles) quedan libres y expeditas para el comercio con el interior.
En caso de reanudarse la guerra entre ambos gobiernos, el que intente romper el armisticio lo avisará al otro 40 días antes del primer acto de hostilidad, y se firmará un tratado para regularizar la guerra.
En efecto, en el artículo 14 del Tratado de Armisticio se declara que “…para dar al mundo un testimonio de los principios liberales y filantrópicos que animan a ambos gobiernos…”, estos se comprometen a celebrar inmediatamente un tratado que regularice la guerra conforme “…al derecho de gentes y a las prácticas más liberales, sabias y humanas de las naciones civilizadas”.
Por otro lado, en el Tratado de Regularización literalmente se obligaban los Estados signatarios a combatir como “pueblos civilizados”.
También se obligaban a evitar el exterminio a que se ha llegado hasta el momento; y el respeto para los prisioneros de guerra de acuerdo con su grado, hasta tanto se efectúe el canje.
Ese mismo tratamiento se dará a los civiles aprehendidos en servicio; se prestará la debida asistencia, dentro o fuera de los hospitales, a los enfermos y heridos, y una vez restablecidos se les permitirá restituirse a la bandera a que pertenezcan.
Se dará honrosa sepultura a los que gloriosamente terminen su carrera en batallas, combates, choques o encuentros entre las armas de los dos gobiernos.
Y, finalmente, se respetará la opinión de los habitantes de los pueblos que alternativamente sean ocupados por las armas de los beligerantes, sin perseguir a nadie por sus ideas.




