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«Un poeta» de la ternura y la supervivencia

La cinta colombiana viene de triunfar en Cannes y ya está a disposición del público en diversas plataformas digitales

La cinematografía colombiana ha dado un vuelco fascinante en la última década, alejándose del binarismo de la violencia explícita para adentrarse en las grietas del espíritu. «Un poeta», la más reciente joya de Simón Mesa Soto —quien ya había dejado huella en la historia del cine con un Palma de Oro por cortometraje en Cannes (2014)—, llega a las plataformas de streaming (Netflix, Prime Video y Disney+) como un manifiesto sobre la noción estética en un mundo que solo entiende de utilitarismo.

La película va más allá del retrato del artista atormentado. Es un elogio a la belleza profunda de la creación, contraponiéndola al “drama patético” de la supervivencia. La historia nos sitúa en Medellín, donde seguimos a Óscar Restrepo, un hombre que habita el lenguaje mientras su cuerpo recorre una realidad que le es hostil.

El guion de Mesa Soto captura con crueldad y ternura la esencia del diletante latinoamericano. Hay una secuencia que define el corazón del film: ante la reafirmación identitaria de Óscar diciendo “yo soy un poeta”, el choque con la realidad llega en la voz de su hermana con un seco “usted es un desempleado”.

La elección de Ubeimar Ríos para encarnar a Restrepo es, sencillamente, magistral. Ríos no actúa desde el método convencional; él es el personaje. Su reconocimiento en el entorno estudiantil de Medellín como ese “profesor alocado” le otorga a la película una capa de veracidad documental que pocos actores profesionales habrían logrado.

No es un héroe en el sentido estricto de la expresión, sino un romántico del Renacimiento; un profesional del encuentro y la parranda, habitante de peñas y tertulias que vive de una imaginación incauta. Su relación con Yurlady (Rebeca Andrade), la joven promesa de la que intenta ser mentor, se convierte en un espejismo contra el que se estrella varias veces, hasta que el inexorable destino de “los incomprendidos” le permite redimirse en un cruce de caminos, donde su hija (abandonada por su padre y llena de rencor) y Yurlady se entretejen para salvarlo de la absoluta derrota existencial.

Es imposible analizar «Un poeta» sin mencionar el fantasma de José Asunción Silva. La admiración acérrima del protagonista por el autor de «Nocturno III» no es gratuita. Silva, quien redefinió la lírica colombiana para luego dispararse al corazón a los 30 años, representa el destino trágico del poeta en el continente: la crucifixión social. La película utiliza este estigma sabiamente. No busca que sintamos lástima por Restrepo, sino que comprendamos su compromiso ciego con una causa que no paga facturas, pero que le da sentido a su existencia.

Simón Mesa Soto logra una cinta equilibrada, visualmente poética pero narrativamente cruda, que le mereció una ovación de pie de más de 8 minutos en Cannes 2025, diversos premios alrededor del mundo y una muy buena estrella por su radiografía del “perfecto” artista latinoamericano.

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