Brownie es un perro comunitario, es inseparable de Papito y es el líder de su manada, que por cierto, poco a poco ha ido desapareciendo. Los años, accidentes, extravíos…enfermedad. Sí, cuidar de animales comunitarios requiere de mucha fortaleza mental.
Todos los días, estos perros son alimentados, están cuidados, castrados, vacunados y desparasitados, salvo Brownie. En todos los años que tiene en la manada, ha dejado varios tomos entre anécdotas e intentos de castración. Algún trauma anterior vivió, que su manejo es complicado. Sin embargo, se da con algunos vigilantes y conocidos.
Pero ¿qué pasa cuando se enferma? En ocasiones anteriores, la medicina ha ido “disfrazada” en la comida, pero esta vez, no quiso comer, sospechamos erlichia… pero que Brownie, que es insaciable, no quiera comer… encendió las alarmas. Buscar el apoyo de alguien que pueda ayudarnos a llevarlo al veterinario y manejarlo en la consulta, exámenes… Esto requería un entrenamiento como para ir a los Juegos Olímpicos.

Dos días sin comer. Un veterinario ante mi insistencia, se preparó y llegó con un asistente, entre los dos, domaron a la fiera, que aun y cuando estaba decaído, el espíritu de Brownie es indomable, nunca deja de sorprendernos. Si te preguntas si logramos montarlo en el carro y llevarlo al veterinario, la respuesta es sí.
Se le hicieron los exámenes y sí, efectivamente tiene erlichia, la “enfermedad de la garrapata”, que no es más que un hemoparásito, un parásito en la sangre, que baja las plaquetas y debilita tanto al perro que de los síntomas más comunes, es ese decaimiento, ese desgano y falta de apetito que encendió nuestras alarmas, es que muchos perros no superan esta enfermedad.
Actualmente, este peludo comunitario está resguardado, admiro tanto la vocación del veterinario y su equipo, porque con Brownie nunca se sabe, muerde sin previo gruñido, te mira con cara intimidante y bueno… está a cargo de ellos que cada día le dan tratamiento, lo alimentan y esperemos se recupere pronto. Su manada ya lo extraña.

¿Quién pagará la cuenta? Pues ya saben, los que estamos a cargo, sea que nos colaboren económicamente o no, el veterinario, por muy solidario, debe cobrar sus servicios y es algo que algunos satanizan. Que es difícil y que los animales no deben estar en la calle, cierto, pero qué hacer cuando llega un animal que requiere de tu ayuda…? ¿Ignorarlo? ¿Botarlo?
No, no es mi caso, ni el de mis compañeras, con quienes hemos sacado a esta manada adelante. Es que es tan injusto. Cuando los perros alertan de un extraño, ladrón o de un peligro, son buenos, pero cuando te hacen frenar de golpe en un calle cerrada, donde no deben ir carros a tales velocidades… entonces hay quejas de animales “sin dueño” en la vía.
El compromiso con mi manada comunitaria es hasta el último día de sus vidas, hemos intentado darlos en adopción y encontrar hogares para ellos, pero no siempre ha sido posible. Un animal comunitario deja huellas en tu vida y en el corazón. Muchos de los vigilantes han creado un vínculo con ellos y pienso que la labor de estos animales, es sacar lo mejor de nosotros… muchas veces, hasta llevarnos al límite.
No me arrepiento y me da orgullo ayudarlo.




