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Rescatar a un perro o gato, implica compromisos, gastos, voluntad, amor y responsabilidad

¿Hasta dónde llega la responsabilidad de un hogar temporal? ¿Hasta dónde debe una proteccionista gestionar o asumir un caso? Aquí analizamos estos dilemas que debatimos los rescatistas.

Ser hogar temporal de un perro o de un gato, ¿qué es lo que realmente significa? ¿Hasta dónde llega el alcance y las responsabilidades? ¿Qué decisiones puede tomar un hogar temporal? No tener idea de lo que se hace, pero saber hacer lo correcto es lo adecuado.

Esta es una recopilación de varios testimonios que van de la mano con un animal que tuvo la oportunidad de ser recuperado de las calles y que, por cierto, no siempre ha tenido un final feliz. Sin embargo, dejan un precedente para comprender un poco la importancia de contar con hogares temporales, las responsabilidades y compromisos de ambas partes, esos acuerdos y el final, feliz o no.

De pronóstico reservado a final feliz

Charlie

Charlie fue rescatado en la autopista. Estaba aterrado; nadie se detuvo, pero muchos lo vieron, otros lo reportaron o tomaron una foto y siguieron. Ana solo pudo ver al perro y, sin pensarlo, se devolvió. Se estacionó con luces intermitentes y, con cautela, notó que Charlie aún estaba con vida, pero a punto de rendirse: estaba frío. No hubo cámaras, reportes ni redes sociales; solo lo montó en su carro y corrió al veterinario.

El perro estaba débil, con pronóstico reservado: lo habían atropellado. Pero la realidad es que solo tenía laceraciones y estaba en shock, bastante bajo de peso. Fue muy afortunado, dijo el veterinario, porque lo grave se debía a una fuerte erlichia, el shock y los golpes, y aún no había miasis (gusaneras); Ana llegó justo a tiempo. La cuenta fue alta, pero el compromiso de su protectora fue muy grande.

Estuvo 4 días hospitalizado y consiguió que una vecina se ocupara de Charlie. Las condiciones eran claras: alimentación, productos de limpieza y solo 1 mes. El temporal se comprometió a pasearlo siempre que pudiera, a darle su medicación y a hacerle las curas solo si Ana la ayudaba; así, juntas, lo sacaron adelante.

Charlie ya no necesitaba un temporal; necesitaba una familia, un hogar definitivo. Pero aún faltaban varios procesos: la castración, la vacunación… La vecina solo aceptó unos 15 días más, mientras aparecía otro hogar temporal o un hogar definitivo. Sin embargo, se vencían los plazos. Ana lo llevó a otra casa, pero el perro no era atendido, bajó de peso, y la comunicación, así como los acuerdos, fueron quebrantados.

Después de muchas llamadas e intentos de visita, el temporal accedió a entregar a Charlie. Ana lo tuvo en su casa solo todo el día, con sus gatos, y así, sin darse cuenta, lo educó y logró darlo a una familia. Charlie es un perro amado; el esfuerzo dio frutos y las decisiones fueron la clave de todo.

Hermoso, aun con problemas de piel

Príncipe

En el basurero, vía El Junquito, Rosa se encontró un par de cachorros de unos 3 meses. Se notaba que eran hermanitos y, llenitos de pulgas y con unas lesiones en la piel, los montó en el carro, en contra de la voluntad de su esposo. Los bañó, los dejó limpiecitos y los publicó. La hembrita no tenía lesiones muy evidentes, así que, por fortuna, encontró una casa; pero el macho no corrió con la misma suerte.

Como buen cachorro, era demandante y rompió algunas cosas; el ultimátum fue claro, así que una compañera de trabajo le dijo: «Tráemelo». El acuerdo fue solo la comida y ver si podía convencer a la gente en casa… Lamentablemente, a la semana, el perrito enfermó.

Los gastos eran altos. Rosa lo buscó y el veterinario explicó que el perrito tenía moquillo. Estaba ya en la fase más grave; el perro se deterioró muy rápido. Rosa quería dormirlo, pero su compañera de trabajo no… Rosa acordó entonces dejarle la responsabilidad a ella, porque los gastos en medicación y la calidad de vida eran abismales. Hubo conflicto, hubo dolor y responsabilidades no asumidas.

Al principio, Rosa trató de apoyar al máximo, pero su compañera no veía el sufrimiento de aquel cachorro: Príncipe, así lo llamó su hogar temporal, que se aferró a cuidarlo y a asumir gastos hasta el último momento. Príncipe no lo superó y dejó una deuda inmensa; hubo graves conflictos entre ambas, porque Rosa, desde el principio, explicó que no podía asumirlas, y menos si la calidad de vida estaba comprometida.

Su lugar feliz, la arena

Milagros

Milagros llegó a la playa como si estuviera con el grupo familiar y fue recibida como tal. Además, aquel domingo comió, se le puso comida y, al recoger, surgió la gran pregunta: ¿de quién es esta perra? La familia no la dejó atrás, se la llevó a casa, pero la realidad es que aquel era un viaje de despedida: muy pronto ese hogar que la acogió emigraría a otro país.

Luego de evaluar llevarla o no, escogieron tenerla en un hogar temporal, al que enviarían dinero mensualmente para gastos de manutención y la posibilidad de preparar el viaje. No pasó exactamente así. El hogar temporal la recibió, pero solo durante los dos primeros meses recibió el dinero para la manutención.

Milagritos era feliz en su hogar temporal. La señora, con mucho esfuerzo, la cuidó, nunca quiso darla en adopción y la hizo parte de su familia. Nunca más supo de quienes le dijeron que la apoyarían: se desentendieron y ella asumió todo.

Sano y libre de miasis/gusaneras

Odín

Reportaron un perro con una gusanera evidente en el lomo: por un sector y por otro, el pobre buscaba refugio, y el mal olor de la miasis hacía que muchos solo lo corrieran. Hasta que Alejandra asumió el caso; no era el único a su cargo, pero quería ayudarlo.

Lo llevó al veterinario; allí las instrucciones eran claras: debía permanecer resguardado. Lo llevó a un hogar temporal que le ofrecía patio, una casita, atenciones, alimento e higiene. Nunca se curó: la miasis (gusanera) volvió.

Otra visita al veterinario y a gestionar un nuevo hogar temporal. Hubo gastos y, por el poco conocimiento y disposición para hacer las curas, el perro, al cabo de un mes, estaba casi igual que al principio.

Encontró otro hogar temporal, pero esta familia fue clara: «Puedo darle de comer y limpiarlo, pero necesito que me ayudes con la comida; no sé hacerle las curas ni me atrevo a darle medicamentos». Poco a poco pasaron los días: no había gusanera, pero tampoco había curas, y la lesión se infectó. Alejandra nunca fue a limpiarlo, y la familia fue clara al respecto.

Odín, así lo llamaron, se portaba muy bien; ya llevaba dos meses allí, pero tenía una costra que le dolía, y era evidente que necesitaba ir al veterinario. El hogar temporal lo notificó varias veces, pero solo recibían la comida en planta baja. No había asistencia veterinaria, solo mensajes en los que quedaba claro que Alejandra no lo quería llevar al veterinario.

El mal olor comenzó a aflorar… La miasis volvió… El olor era insoportable. Odín no quería que lo bañaran ni que lo tocaran; estaba muy incómodo y tenía un malestar cada vez más evidente. Alejandra solo llevaba comida, pero, tras 3 semanas de hedor, llamadas y reclamos, esta familia pidió apoyo de otra proteccionista.

Oriana se hizo cargo: lo llevó al veterinario y fue cada día a hacerle las curas. Odín, ya restablecido, fue llevado a un hogar definitivo gestionado por esta proteccionista. Las llamadas a Alejandra ya no se hicieron, ni se recibió más alimento; ella simplemente se desentendió. Todo esto, transcurridos dos meses. Odín estuvo casi 6 meses con esta familia.

Al mes de haber dado a Odín en adopción, Alejandra apareció para saber de aquel perro. Hubo reclamos: ella afirmaba que esta familia «no debía haber buscado ayuda de otra persona». Insistía en saber quién tenía al perro, pues ella era la responsable… Odín está feliz con su familia y sano, gracias a que Oriana y esta familia se comprometieron para salvar y cuidar una vida.

Feliz, educada, libre de pulgas, esterilizada y nunca más volvió a la calle.

La gatita del kiosko

Iban rumbo a una jornada de adopción, Sofía se baja para comprar en un kiosko y ve a una gata, la acaricia y le pregunta a la chica del kiosko si la gata tenía dueños, respondió que no y que a cada rato paría…así que la agarró y la llevó junto con los otros gatos a la jornada. El objetivo era esterilizarla. Pero se necesitaba un hogar temporal. 

En la misma jornada, una proteccionista se ofreció a ayudarla con el temporal a cambio de aserrín y/o  arena para la caja y el alimento. El compromiso de Sofía duró solo dos meses y la proteccionista estaba molesta. 

Se hizo cargo, la esterilizó, le buscó un hogar, pero sin darse cuenta, había creado un vínculo con aquella gata. Buscó amigos y familiares, hasta encontrar un hogar que permitiera tener contacto. La dio en adopción. De Sofía, bloqueada.

¿Entonces?

Sin embargo no todas las historias son malas, hay hogares temporales que asumen el compromiso, educan, enseñan y hasta malcrían. Perros y gatos sobre alimentados, duermen con alguien en casa, van de paseo y vacaciones. Casos en los que estos hogares temporales apoyan el rescate, protegen y antes de dejar a un peludo en la calle, asumen unas semanas más. 

Siempre entre lágrimas la despedida y la satisfacción de haber sido el eslabón clave en la vida y recuperación de un animal que no tenía oportunidad de ser amado y salir de la calle. Estos hogares temporales, son únicos y sí existen, por eso el compromiso que debe asumir el proteccionista con estos hogares, debe cumplirse, porque abundan animales en situaciones vulnerables, pero pocos hogares de paso, temporales, familias que asuman el desafío.

¿Hasta dónde llega la responsabilidad de un hogar temporal? ¿Hasta dónde debe una proteccionista gestionar o asumir un caso? ¿Hasta dónde llega el compromiso por salvar una vida?

La experiencia lo hace visiblemente claro: responsabilidad y compromiso. Asumir un caso no es solo para cuando todo sale bien. Cuando se requiere más compromiso, se debe comunicar con claridad. Recordar la razón por la  cual se ha rescatado o asumido un caso.

Rescatar a un perro o gato, implica compromisos, gastos, voluntad, amor y responsabilidad. Pedir ayuda es clave, pero cumplir los compromisos es vital.

La calle no es un lugar seguro. Abre tu corazón y rescata a un peludo. Pero eso si, comprométete cuidarlo y amarlo hasta el final de sus días.

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