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Tras ataque fascista Bolsonaro incomoda a Biden en EEUU

Analistas citados por AP señalan que para Biden debería ser obvio expulsar a Bolsonaro

El gobierno del presidente estadounidense, Joseph Biden, se encuentra bajo la creciente presión de izquierdistas de América Latina, así como de legisladores de su propio país, «para expulsar» al expresidente de Brasil, Jair Bolsonaro, de su «retiro postpresidencial en Florida tras el ataque de sus partidarios en la capital de Brasil durante el fin de semana», reseña la agencia estadounidense AP.

El ultraderechista Jair Bolsonaro llegó a Florida, EEUU, a finales de diciembre pasado, a dos días de que su mandato, y con él su inmunidad, fenecieran y su viaje intempestivo a la nación norteamericana significó que no traspasó, el 1 de enero, la banda presidencial a su predecesor, el líder de izquierda y progresista Luiz Inácio Lula da Silva.

De ese modo Lula se convierte en el primer mandatario electo para tres períodos desde la llegada de la democracia a Brasil en 1985, y también en el primero en no recibir la banda presidencial de su predecesor.

El cable de AP señala que «Bolsonaro se aloja en la casa del luchador brasileño de artes marciales mixtas José Aldo, un ferviente partidario del exmandatario», también vale destacar que la presencia del ultraderechista en EEUU pasó desapercibida hasta el ataque fascista del pasado domingo contra los edificios de los tres poderes públicos brasileños, cuando más de mil bolsonaristas radicales intentaron derrocar al presidente Lula perpetrando actos vandálicos contra el Congreso Nacional, el Supremo Tribunal Federal y el Palacio de Planalto, esto ante la mirada impávida de la policía capitalina.

Congresistas de EEUU comparan a Bolsonaro con Trump

«El ataque del domingo de miles de sus seguidores que llevaban semanas acampando frente a una base militar en Brasilia, negándose a aceptar la derrota de Bolsonaro en la segunda vuelta electoral de octubre», según señala la agencia, fue el detonante para que los congresistas estadounidenses repudiaran la presencia del exmandatario en su país.

Su invasión del Congreso y del palacio presidencial de Brasil dejó tras de sí cristales destrozados, computadoras rotas y obras de arte dañadas. Casi desde el momento en que las imágenes de destrucción fueron transmitidas al mundo, los demócratas expresaron su preocupación por la presencia de Bolsonaro en suelo estadounidense, estableciendo paralelismos entre los hechos en Brasil y la insurrección del 6 de enero de 2020 de los aliados del expresidente de EEUU, Donald Trump, que irrumpieron en el Capitolio estadounidense en Washington, para tratar de anular los resultados de las elecciones presidenciales que dieron como ganador al actual mandatario, Joseph Biden.

Los congresistas demócratas manifestaron apoyo a Lula y condenaron la presencia de Bolsonaro en Florida tras los asaltos de bolsonaristas. Los demócratas Alexandria Ocasio-Cortez y Joaquín Castro instaron a Biden a no otorgar más refugio a Bolsonaro.

«Casi dos años después del día en que el Capitolio de los Estados Unidos fue atacado por fascistas, vemos movimientos fascistas en el extranjero que intentan hacer lo mismo en Brasil. Debemos solidarizarnos con el gobierno elegido democráticamente de Lula. Estados Unidos debe dejar de otorgar refugio a Bolsonaro en Florida», publicó en sus redes Ocasio-Cortez, congresista demócrata por Nueva York en la cámara e Representantes de EEUU.

Entretanto, Biden repudió el vandalismo de los bolsonaristas e invitó a Lula a visitar EEUU, el mandatario norteamericano refirió que la voluntad del pueblo de Brasil no debe ser socavada y dijo que desea «seguir trabajando» con su homólogo brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, reseñó la EFE.

En Twitter, Biden condenó el asalto y aseguró que las instituciones democráticas de Brasil tienen el «apoyo total» de EEUU.

Para la Casa Blanca debería ser una obviedad

Biden nunca ha tenido una relación cercana con Bolsonaro, quien hizo causa común con los principales aliados de Trump de extrema derecha. Y es probable que cualquier acción para expulsarlo sea bien vista en América Latina, donde Biden está cortejando a una nueva camada de mandatarios de izquierda que han ascendido al poder, señala AP.

“Una cosa es hacer declaraciones sobre el apoyo a la democracia y otra cosa es realmente tomar medidas en tu propia casa, donde tienes control soberano, con alguien que está claramente aliado con las mismas personas que te trajeron el 6 de enero”, dijo a AP John Feeley; diplomático estadounidense que renunció como embajador en Panamá en 2018 por diferencias con las políticas de Donald Trump.

Pero hasta ahora el gobierno de Biden ha procedido con cautela.

El lunes, el portavoz del Departamento de Estado Ned Price, dijo —mientras eludía las preguntas sobre la presencia de Bolsonaro— que cualquiera que entrara en Estados Unidos con el visado A-1, reservado para jefes de Estado en ejercicio, tendría 30 días para abandonar el país o ajustar su estatus con el Departamento de Seguridad Nacional al término de su mandato.

El asesor de seguridad nacional de Biden, Jake Sullivan, fue igualmente circunspecto, diciendo sólo que cualquier solicitud del gobierno de Brasil relacionada con Bolsonaro sería evaluada, teniendo en cuenta los precedentes legales. Normalmente, Estados Unidos es reacio a discutir cuestiones de visado por motivos de privacidad.

Feeley dijo que cuanto más espere el gobierno de Biden, más débil será percibido su apoyo a la democracia en la región.

Bolsonaro prefiere evitar el bochorno de la expulsión

Vale destacar cómo Bolsonaro, quien huyó Brasil en el avión presidencial, no sin antes pedir a sus seguidores que mantuvieran una dura oposición al Gobierno de Lula, tras el asalto tuvo un tibio rechazo a la violencia, al tiempo que llamó patriotas a los atacantes.

El repudio a su presencia por parte de miembros del Partido Demócrata al que pertenece Biden y la condena desde los gobiernos de América Latina le complican el panorama al líder de la extrema derecha brasileña.

En la regiónel panorama se ha vuelto complejo para Washington con el regreso de los progresistas a Brasil, así como su llegada, por primera vez, a México, y más recientemente a Colombia; donde siempre mandaron las extremas derechas sumisa ante EEUU e inéditamente el pueblo eligió gobiernos que no salidos de las oligarquías de esos países.

También Biden se ve presionado por el retorno a la democracia en Bolivia y Honduras, donde el progresismo sufrió sendos golpes de Estado, pero las mayorías retornaron al poder a sus líderes, y también el inquilino de la Casa Blanca enfrenta la resistencia a los bloqueos que su administración mantiene contra los gobiernos progresistas en Nicaragua, Cuba y Venezuela, que también son amigos de Lula.

Ante ese panorama, Bolsonaro estaría previendo el bochorno de ser expulsado de EEUU y, reseña AP, el expresidente derechista podría anticiparse a cualquier plan para una medida tan contundente, y refiere que, el martes, Bolsonaro dijo a un medio de comunicación brasileño que adelantaría su regreso a casa, originalmente previsto para finales de enero.

Justificó su presunto retorno a haber sido hospitalizado con dolores abdominales derivados de un apuñalamiento en 2018, vale destacar que hubo mucha confusión al rededor de esa noticia de la hospitalización del exmandatario brasileño, porque EFE habría indagado en el centro clínico donde supuestamente fue recluido el lunes y allí habrían desmentido su hospitalización.

“Vine a pasar un tiempo lejos con mi familia, pero no fueron días tranquilos”, dijo Bolsonaro a la filial en portugués de CNN Brasil. “Primero fue este triste episodio en Brasil y luego mi hospitalización”.

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