Un amor a prueba de balas

Hanna y Cristopher se conocieron durante el año 2012 en un bar de la ciudad de Maracay. Al verse, la atracción física fue inmediata. Después, mientras rozaban sus pieles durante algunas canciones, al amor también le dieron ganas de bailar.

Como es de suponer, ninguno sabía nada del otro. La noche terminó repleta de incógnitas que probablemente jamás serían respondidas.

Sin embargo, el destino a veces parece ser una sucesión inevitable de acontecimientos de la que ninguna persona puede escapar.

“Lo que el cielo tiene ordenado que suceda, no hay diligencia ni sabiduría humana que lo pueda prevenir”, sentenciaría el poeta español Miguel de Cervantes 400 años atrás.

Tal vez por eso, un par de días después de aquella movida nocturna, y en medio de un inesperado operativo policial, Hanna y Cristopher se tropezaron una vez más.

Él era policía e integraba las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) y esa mañana se encontraba allanando el edificio donde Hanna tenía su consultorio psicológico.

En ese instante, ella sintió como la decepción penetraba cada partícula de su ser. Pese a ser psicóloga o quizás precisamente por eso, Hanna desconfiaba (también en materia amorosa) de los funcionarios policiales.

Sus creencias no parecían tan alocadas o al menos eran muchos los estudios que analizan el vínculo entre ser policía y la violencia domestica.

Según la investigación «Violencia con uniforme. Cuando el denunciado por maltratar a su pareja es un policía», el contexto en el que se desenvuelven, la elevada carga horaria, su temor al engaño y la dificultad para aceptar el cambio en los roles de género (que sus esposas trabajen, por ejemplo) los torna más violentos.

De igual forma, en el famoso ranking de las 10 profesiones y trabajos que albergan a más hombres infieles, los policías figuran en el primer lugar con un 29%.

Aunque a Hanna, en realidad, lo que más le preocupaba era el riesgo constante en el que permanece la vida de los funcionarios y, de una u otra manera, la de sus seres cercanos.

Pero, “resistirse a los encantos de Cristopher no era tarea fácil” y aunque intentó alejarse, él insistió: flores a diario, bombones, pizzas, invitaciones.   

Al cabo de unos meses, el romance había adquirido un tono formal. Sus familias se conocieron y compenetraron a la perfección.

Un año después, Hanna y Cristopher se convirtieron en padres por primera vez. Y fue precisamente en medio de una celebración familiar, cuando el romance se convirtió en thriller de terror.

Cristopher llevaba meses tras una banda acusada de secuestro y extorsión. De hecho, había tenido éxito apresando a varios de sus integrantes pero no había podido dar con el cabecilla. El delincuente si dio con él.

Los disparos atravesaron los vehículos estacionados a las afueras de la casa. Hanna temió por la vida de sus padres pero rápidamente tomó a su hija y huyó del lugar. Sabía que si no lograban dar con su esposo, intentarían chantajearlo con la pequeña.

El resto de los familiares se escondieron como pudieron. Christopher huyó y contactó rápidamente a sus compañeros, quienes lo sacaron del lugar. Apenas llegaron a la base policial, tomaron las municiones necesarias y salieron a buscar a los antisociales. Pero tras un fuerte enfrentamiento, el líder de la banda volvió a escapar. 

Hanna empezó a sentirse vigilada, siempre a la espera de que “los malos” aparecieran. Percibía que su sola presencia se había convertido en una amenaza para su familia. Después de largas reflexiones, le propuso a Cristopher emprender nuevos caminos. No era un planteamiento sencillo. Digan lo que digan de los “pacos”, él amaba su trabajo.

No obstante, su deseo de ver crecer a su hija fue aún mayor. Hoy viven juntos en otro país, “buscaron tierra neutral”, él creó una empresa de vigilancia y Hanna volvió a ejercer su profesión.

Ambos extrañan a sus familiares pero prometieron abrazarse a un nuevo lema: Caídos o de pie pero siempre juntos. A tal punto que su historia de romance, drama y acción  pronto formará parte de un libro digital titulado “a prueba de balas”.

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